Es bien sabido que la emergencia sanitaria declarada en todo el mundo durante el pasado año y comienzos de este ha provocado una caída a plomo en la actividad de las líneas aéreas. El peligro de contagios motivó un confinamiento generalizado, así como el cierre de fronteras durante muchas semanas y diferentes treguas que nos ha dado la pandemia no afectaron a los vuelos internacionales, que se han visto dramática castigados por las draconianas y restrictivas medidas de seguridad, como los análisis PCR y las cuarentenas impuestas por los países.
Todo esto ha desencadenado un escenario dantesco en lo que se refiere a la economía del sector aéreo.
En los últimos meses, los procesos de vacunación masivos en todos los países han conducido a una reducción drástica en la tasa de contagios, lo que ha permitido a las aerolíneas ir recuperando gradualmente su actividad y acercarse niveles que aún distan de ser los previos a la crisis, pero con cifras alentadoras. Según datos del portal Statista, a mediados del mes de junio, las aerolíneas habían recuperado el 77% de su actividad en todo el mundo, con un avance del 153,9% en Estados Unidos y un alza del 114,8% en Alemania. En España, el sector ha registrado un meteórico avance del 412,3%.
Aunque es evidente que las aerolíneas se encuentran entre las industrias más afectadas por la pandemia, algo que se ha visto agravado por la persistente situación de pérdidas de los últimos siete años, es probable que todo ello conduzca a que los precios de los seguros de aerolíneas sigan aumentando. Bien es cierto que la reducción de la actividad operativa probablemente signifique una menor probabilidad de pérdidas catastróficas e incidentes de desgaste.
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