Por estos días resulta más cotidiano leer artículos que hacen referencia a la necesidad de pensar con enfoque global al momento de tomar decisiones a nivel gobiernos, empresas, organizaciones de la sociedad civil o en cualquier institución. Paradójicamente, crecimos escuchando términos como «aldea global» o «mundo interconectado» al hablar de la famosa globalización y, en cierta forma, todo ello vinculado con el efecto mariposa como materialización del caos: «El batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo». Pequeñas acciones capaces de generar grandes cambios, positivos o no.
Sumada a alguna que otra «ficción» sobre pandemias o ataques externos también globalizados que azotarían al mundo, aunque las escenas solo se representaran siempre en los mismos territorios. Pero tal vez estemos ante la fase de praxis de todas esas teorías en un desorden mundial en el que cualquier evento o acción en una localidad debe ser pensado con enfoque global. Ni los conflictos bélicos ni la pobreza ni el cambio climático se reservan a una población, zona, región, país o grupo, ya que todo está imbricado.
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