En un contexto en el que la Inteligencia Artificial está en completo auge e impregna gran parte de la sociedad y de los modelos de negocio, desde MAPFRE se ha realizado una investigación con el objetivo de entender bien los riesgos de la tecnología y buscar fórmulas que ayuden a evaluarlos, monitorizarlos y mitigarlos para ser capaces de desplegar IA responsable (RAI).
El grueso del tejido empresarial mundial emplea la Inteligencia Artificial (IA) para distintos ámbitos en su día a día, desde los procesos de negocio hasta la creación de soluciones o productos para sus clientes, pasando por un amplio abanico de opciones. Es una tecnología que conlleva grandes beneficios en materia de innovación, productividad e, incluso, rentabilidad, pero también es necesario ser conscientes de sus riesgos (sesgos, ética, rendimiento, fiabilidad de la información, propiedad intelectual, etc.), unos riesgos que deben gestionarse de manera adecuada para poder aplicarla de forma segura, confiable y, en definitiva, sostenible.
La mayoría de las empresas están aprendiendo a utilizar esta tecnología, aplicándola a casos de uso en entornos de prueba o con impactos muy controlados. Por esta razón se tiene cierta percepción de control sobre los riesgos asociados a la IA en el entorno empresarial, pero el consenso general en que son necesarios marcos de trabajo, herramientas, directrices y regulación para ayudar en este despliegue.
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