La reciente cumbre en París pone sobre la mesa el problema de la deuda de los países más pobres y subraya la necesidad de reformar el sistema financiero actual, hijo directo del orden mundial de la posguerra. Un asunto que concierne con fuerza a América Latina.
A juzgar por la presencia de 40 jefes de Estado, el presidente de Francia Emmanuel Macron se anotó un éxito la semana pasada con la “Cumbre para un nuevo pacto financiero mundial”, celebrada en París. Y no era para menos, pues uno de sus objetivos era comenzar una tarea largamente planteada en círculos económicos y políticos: revisar el funcionamiento del sistema financiero internacional, que ha quedado obsoleto frente a los nuevos retos del mundo. “Casi 80 años después, (de su creación) la arquitectura financiera mundial es anticuada, disfuncional e injusta”, reconoció en la Cumbre Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas.
Frente a este reconocimiento, que tampoco es nuevo, y a las propuestas para un nuevo ordenamiento financiero mundial, con nuevos actores que se disputan el liderazgo global con Estados Unidos, ¿cómo queda América Latina, una región desigual, endeudada, pobre y gravemente afectada por el impacto del cambio climático?
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