En la economía digital de hoy en día, los ciberataques representan una amenaza constante y en continua evolución para las compañías, sin importar tamaño o sector. En este sentido, priorizar la ciberprotección es una práctica esencial para una gestión efectiva de los ciberriesgos, y los ciberseguros una pieza clave en ello.
Las crecientes tensiones geopolíticas, la incertidumbre de los mercados y de la sociedad, y el auge de las tecnologías digitales están derivando en un aumento de los ciberataques, cada vez más letales y sofisticados. Según las estadísticas de fuentes autorizadas, en 2022 estas amenazas se incrementaron globalmente en un 38% respecto a 20211, siendo el ransomware y la ciberguerra las más comunes y peligrosas.
Los atacantes tienen claros sus focos principales: infraestructuras críticas (redes de telecomunicaciones, hospitales, administraciones públicas, centros de datos, etc.) y cadenas de suministro digitales2, ambos pilares críticos para las economías, y donde el impacto de las pérdidas puede ser mayor y escalar de manera más rápida. Las entidades públicas y privadas, por tanto, tienen que continuar priorizando sus estrategias e inversiones en ciberseguridad, sin importar su tamaño o el sector en el que operen, enfocándolas siempre desde una perspectiva holística e integral que integre monitorización, prevención, respuesta y remediación ante incidentes.
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