En el panorama tecnológico actual, que avanza a gran velocidad, el temor al desplazamiento de puestos de trabajo debido a la inteligencia artificial (IA) se convirtió en una preocupación generalizada. Sin embargo, creo firmemente que la IA no está acá para sustituir a las personas, sino para mejorar sus capacidades y transformar la forma en que trabajamos juntos. Esto es especialmente cierto en sectores como el de los seguros, donde la confianza y las relaciones desempeñan un papel vital.
Cuando recordaba los tiempos en que mi padre trabajaba como corredor de seguros, siempre hacía hincapié en la importancia de establecer vínculos significativos con sus clientes. Pasaba tiempo con ellos, conocía sus familias, aficiones, creencias y valores. Esta base de confianza era crucial para ofrecer un asesoramiento sólido, sobre todo cuando se trataban temas delicados como la cobertura de seguros para las incertidumbres de la vida. El toque humano que aportaba a su profesión no puede ser replicado por algoritmos.
Sin duda, la IA tiene el potencial de analizar grandes cantidades de datos y comprender mejor las circunstancias del cliente. A diferencia de los asesores humanos, la IA puede extraer información de miles de puntos de datos para evaluar los riesgos y recomendar la cobertura perfecta casi en tiempo real. Esta capacidad convierte a la IA en una poderosa herramienta para ofrecer soluciones integrales de seguros a los clientes.
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