En general, la senda que han seguido los países emergentes este año ha sido de “una cierta desaceleración”, afirma Eduardo García Castro, economista senior de MAPFRE Economics, si bien esta dinámica ha sido más marcada en América Latina y Europa emergente, Oriente Medio y África (EMEA) que en Asia, pero “ha servido para agudizar las diferencias regionales y resaltar las vulnerabilidades locales”.
Por regiones, en América Latina Brasil, México y Perú han seguido sosteniendo el desempeño económico de la región, y exponiendo una clara preferencia desde el punto de vista inversor, mientras que otros como Argentina y Colombia no terminan de explotar el potencial del auge del mercado de exportaciones del Sur global. En Asia, destaca la ralentización de China, debido al alejamiento de la producción y la diversificación de las cadenas de suministro, un proceso del que se benefician otros mercados de la zona como India, Indonesia o Vietnam.
En los emergentes del área de EMEA, la encrucijada económica está condicionada por el hecho de que los conflictos en Ucrania y Oriente Medio permanecen abiertos, lo que reduce las posibilidades de una expansión más favorable debido al riesgo de la intensificación de las guerras.
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