El desarrollo de la IA está promovida, en gran medida, por las grandes corporaciones tecnológicas que lideran su desarrollo, y forma parte de un proyecto de concentración de poder sin precedentes
En medio de crisis ambientales, desigualdades crecientes y el deterioro de las instituciones democráticas, la inteligencia artificial se presenta como una promesa de solución universal. Una herramienta casi mágica, capaz de transformar radicalmente nuestras sociedades. Sin embargo, esta narrativa es falsa e interesada. Está promovida, en gran medida, por las grandes corporaciones tecnológicas que lideran su desarrollo, y forma parte de un proyecto de concentración de poder sin precedentes.
Conviene preguntarse, entonces, no solo qué puede hacer la inteligencia artificial, sino quién la controla, para qué fines se despliega y con qué consecuencias. Porque no estamos ante un fenómeno neutro ni inevitable, sino ante una tecnología que se está construyendo bajo lógicas privadas, opacas y excluyentes. Y eso tiene implicaciones políticas de enorme calado.
Continúa leyendo
Para acceder al artículo completo, inicia sesión o sé parte del club de lectores de La Revista Y/O.




