Autor: Revista Y/O
La revisión histórica considera que el Grito Libertario de La Paz se concretó entre las 19:00 y 22:00 de ese 16 de julio de 1809. Los revolucionarios, encabezados por Pedro Domingo Murillo, habrían urdido un plan quirúrgico y fulminante que evitó varias muertes.
El 16 de julio de 1809, la ciudad de La Paz celebraba desde muy temprano a su patrona, la Virgen de El Carmen. La mañana había comenzado y los paceños se encontraban concentrados en la plaza de los españoles o plaza mayor (conocida hoy como plaza Murillo) esperando la misa del medio día en honor a la virgen para después participar en la procesión. En las calles aledañas a la plaza, grupos de hombres se habían diseminado furtivamente desde muy temprano. Unos estaban por la calle Catacora, otros por la Jaén y otros en la Ballivián. Eran los revolucionarios que estaban listos para protagonizar el Grito Libertario de La Paz que implicaba la liberación de la ciudad de los realistas (españoles). Ejecutaban un plan que habían urdido minuciosamente. Siguiendo el mismo, su primer objetivo era tomar el Cuartel Militar, que se encontraba en plena plaza, en lo que hoy se conoce como la Casa Militar, al lado del Hotel París. ¿Cómo cumplirían su objetivo? La estrategia era emborrachar a los guardias realistas para que comenzaran a abandonar sus puestos. Pusieron el plan en marcha con éxito. Los españoles dejaron descuidado el Cuartel Mi litar y el revolucionario Juan Cordero se metió al recinto disfrazado de realista, afirma el historiador Carlos Gerl.
El paceño revolucionario siguió al pie de la letra la parte de la rebelión que le tocaba cumplir. Entró al cuartel, subió al techo y desde ahí agitó una tela como señal a sus compañeros de que el lugar estaba tomado y que la Revolución había comenzado. El reconocimiento a su acto heroico llegó de inmediato: un disparo que le quitó la vida. El proyectil venía del arma de uno de sus compa ñeros revolucionarios, que lo confundió al verlo vestido de realista. “Juan Cordero, tras sostener algunos tiroteos, venció a los soldados realistas y se puso el sombrero y las cartucheras del jefe de los guardias, y emocionado salió al balcón para anunciar el triunfo, gritando ‘¡ya está todo consumado, no hay no vedad!’, pero fue confundido y recibió un tiro que le perforó el pecho y lo mató de inmediato”, relata el historiador. A la casi inmolación de Cordero —afirma Gerl— le siguió la Revolución con hombres arma dos que aparecieron desde las cuatro esquinas de la plaza, venciendo las barricadas instaladas por los guardias españoles. La tarde se alejaba dando paso a la noche y la procesión de la Virgen de El Carmen ya había concluido. Todo era confusión, gritos y disparos de armas. Los revolucionarios rodearon y tomaron las casas consistoriales y el palacio episcopal para arrestar al gobernador interino, Tadeo Dávila, y al obispo Remigio de la Santa y Ortega. Al primero le exigieron la renuncia y así se generó el vacío de poder que dio paso a la Junta Tuitiva que proclamó a La Paz libre del yugo español. “La toma fue muy bien planificada, una operación quirúrgica fulminante que se concentró en la plaza mayor por eso no hubo muchos muertos”, afirma Gerl. “Los revolucionarios tomaron primero el Cuartel Militar y luego la Caja Real, que se encontraba en lo que hoy conocemos por la Gobernación de La Paz”, añade. El historiador afirma que se trató de dos tomas simbólicas. La primera contra la opresión armada, ejercida por la fuerza militar de los españoles. La segunda contra la opresión económica a través de los impuestos, que eran administrados por las cajas reales. “Los patriotas tomaron la Caja Real, sacaron el dinero, lo entregaron a la gente y quemaron los registros de los deudores, como un símbolo de la derrota a la opresión española”, sostiene Gerl. En la revista La Paz revolucionaria, elabora da por Carlos Gerl y Randy Chávez, y publicada por la Alcaldía de La Paz, se encuentra información sobre las calles de La Paz por donde los revolucionarios se movieron ese 16 de julio de 1809.
El texto evidencia que la Revolución no se dispersó por toda la ciudad, sino que se concentró en las calles que hoy conocemos como casco viejo o centro histórico. Fue una especie de circuito que recorrieron los patriotas paceños entre las calles Sagárnaga, Jaén, Ingavi, Comercio para cercar la plaza Murillo.
- Calle Sagárnaga
Fue utilizada como una de las rutas que toma ron los paceños revolucionarios que se aproximaban desde las zonas comerciales bajas.
- Calle Jaén
Fue el lugar donde la Revolución se gestó porque en esa calle se encontraba la casa de Pedro Domingo Murillo y de otros patriotas como Apolinar Jaén.
- Plaza La Merced (ubicada entre las calles Colón, Comercio y Ballivián)
En el lugar se encontraba el billar de Grane ros, donde se reunían los revolucionarios y fue uno de los lugares donde acoplaron las armas que usaron el 16 de julio de 1809 para hacer sus tomas.
- La Caja de Agua (hoy plaza Riosinho) y plaza Alonso de Mendoza
Los patriotas destinaron esos espacios como puntos estratégicos de organización y con trol militar.
- Plaza Frías y vías adyacentes
Se constituyeron en una especie de paso y resguardo para las milicias mestizas e indígenas que eran parte de la Revolución.
- Plaza Murillo (calles Socabaya, Ayacucho, Comercio e Ingavi)
El despliegue estratégico del levantamiento confluyó en este cuadrante que rodea la plaza Murillo. Los rebeldes tomaron ahí el Cuartel Militar, las cajas reales, las casas consisto riales y el Palacio Episcopal.













