Según un estudio de la Northeastern University, el 85% de las decisiones de contratación están influenciadas por las marcas personales de los candidatos. ¿Qué es una marca personal? El sello que nos identifica más allá del lugar en el que trabajamos. Muchos de nosotros posiblemente recordemos una famosa publicidad de la década del ‘90 que decía: “Un buen nombre es lo más valioso que uno puede tener”. De eso se trata, precisamente, una marca personal.
Es muy habitual ver que las personas adopten, como si fuera el apellido de casados, el nombre de las empresas para las que trabajan. “Soy Patricia, de …”, “Maximiliano, de …”. Cuanto más reconocida es la firma, y sin importar el rubro, mayor es la probabilidad de que la persona acepte, e incluso promueva, fundir su identidad.
Esta actitud no sólo es poco productiva mientras se trabaja en ese lugar (la identificación tan fuerte disminuye la innovación, sesga las decisiones, restringe el networking, entre otras consecuencias negativas), sino que implica un riesgo enorme al momento de buscar nuevos horizontes. Cuando se pierde o se deja voluntariamente ese trabajo, la propia identidad también se pone en crisis. ¿Quien soy fuera de la compañía?
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