El mundo empezó a hablar de la economía naranja o creativa recién a partir de 2001, cuando John Howkins publicó el libro Economía creativa: transformar una idea en beneficios, que se constituye en punto de partida para quienes combinan la creatividad con los negocios. La industria naranja, que no pone fronteras a la imaginación y se alimenta de la creatividad y el conocimiento, tiene una significativa contribución al PIB nacional y global.
Un estudio de la Cámara de Industria y Comercio (Cainco) asegura que en 2017 la economía naranja dinamizó en 1,52% el Producto Interno Bruto (PIB) nacional, es decir aportó Bs 3.936 millones. Aunque la información corresponde a seis años atrás, es el dato más aproximado que se encuentra en la data respecto a la economía creativa que, cada año, mueve millones de bolivianos en el país.
El término hace referencia al mundo de la cultura, la industria creativa y la creación de contenido. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) la define como “el conjunto de actividades que, de manera encadenada, permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios. Su valor puede estar basado en la propiedad intelectual”.
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