Tres expertos explican por qué es fundamental que las mujeres no sólo hablen de dinero, sino que dominen las finanzas pese a que tanto la historia como la cultura popular se han empeñando en lo contrario.
Un estudio del banco de inversión Merrill Lynch revela que el 61 % de las mujeres prefiere hablar de su propia muerte antes que de dinero, pero en un mundo capitalista, es indudable que el dinero es un símbolo de poder que, como explica Andrea Ansareo, directora de Marketing de Annie Bonnie, no siempre ha estado al alcance de las mujeres. “Desde el rol tradicional de cuidadoras hasta la tardía entrada en el mercado laboral, las mujeres han sido relegadas a un papel secundario en la gestión del dinero. Durante décadas, la banca y las leyes nos impidieron incluso abrir cuentas o solicitar hipotecas sin la firma de un hombre. Además, la falta de productos financieros diseñados específicamente para nosotras ha perpetuado esta exclusión”, asegura.
Recalca además que la cultura mediática y la publicidad han jugado un papel clave al habernos presentado como grandes consumidoras, pero rara vez como inversoras o gestoras de nuestro propio patrimonio. “La narrativa debe cambiar. Las mujeres no sólo tomamos decisiones de compra, sino que también dirigimos empresas, invertimos y creamos riqueza”, dice.
«Las mujeres no sólo compran: también dirigen empresas, invierten y crean riqueza”
Aunque Richard Gracia, experto en inversión y finanzas personales, coincide en su parecer, recalca que no se trata de culpar a la cultura o al sistema, sino de reconocer que muchas veces, la propia elección y la tradición han influido en esta realidad. “Hoy, la responsabilidad recae en cada persona para educarse y asumir el control de su futuro económico sin esperar que la sociedad compense lo que uno mismo no ha buscado aprender. En otras palabras, si bien es cierto que el legado de roles tradicionales ha contribuido a este alejamiento, es responsabilidad de cada uno tomar las riendas y formarse en el ámbito financiero si quiere lograr una verdadera independencia”, indica.
«La gestión del dinero no es algo con lo que se nace; se aprende y se mejora con práctica»
“Decirnos a nosotros mismos que ‘somos un desastre para las finanzas’ es, en muchos casos, una forma de evadir la responsabilidad personal y un reflejo de una mentalidad que necesita ser revisada. La gestión del dinero no es algo con lo que se nace; se aprende y se mejora con práctica y, sobre todo, con la información adecuada. Si constantemente nos decimos que no somos buenos con las finanzas o que el dinero es algo complicado, es muy probable que, de manera inconsciente, actuemos de forma que confirmemos esas creencias”, explica a COSMOPOLITAN.
Señala que mejorar la relación con el dinero comienza por trabajar en nuestro diálogo interno. Recomienda dedicar unos minutos cada día a identificar y desafiar esas creencias negativas y complementar este trabajo personal con formación en educación financiera que proporcione herramientas prácticas para organizar el presupuesto, ahorrar de manera efectiva e incluso empezar a invertir con criterio. “Adoptar una mentalidad de crecimiento y responsabilidad en lo económico no sólo mejora nuestra situación financiera, sino que también aumenta nuestra confianza en la toma de decisiones y nos permite afrontar imprevistos sin caer en el pánico. En definitiva, aprender a gestionar la economía es una inversión en uno mismo que puede marcar la diferencia entre vivir a merced de las circunstancias y tener el control de nuestro futuro”, asegura el CEO de El Método RICO.
«Se espera que las mujeres prioricen el bienestar del resto sobre su crecimiento económico»
Por su parte, Elizabeth Wakefield, asesora y divulgadora financiera, recalca que mientras que la sociedad ha asociado históricamente el dinero con el poder, y este con la masculinidad, a las mujeres se les ha enseñado a ser cuidadoras, emocionales y discretas en temas de dinero, lo que ha generado una doble moral en la percepción de la riqueza. “Cuando un hombre habla de inversiones, negocios o estrategias financieras es visto como ambicioso y exitoso. Pero cuando una mujer lo hace, muchas veces es etiquetada como fría, calculadora o interesada. Esto sucede porque, culturalmente, todavía existe la expectativa de que las mujeres prioricen el bienestar de los demás sobre su propio crecimiento económico. Si una mujer muestra un interés estratégico en el dinero, a menudo es juzgada de una forma que un hombre no lo sería”, explica antes de indicar que la realidad es que tomar el control de nuestras finanzas no nos hace frías, sino inteligentes.
«Necesitamos más modelos de mujeres que hablen abiertamente sobre finanzas y éxito económico»
“Las mujeres tenemos derecho a hablar de dinero, a buscar rentabilidad en nuestras inversiones y a construir patrimonio sin sentir culpa. Sólo es una herramienta, y aprender a utilizarla de manera estratégica no significa que dejemos de lado otros valores. Para cambiar esta percepción, necesitamos más modelos de mujeres que hablen abiertamente sobre finanzas y éxito económico. Cuanto más normalicemos la conversación acerca del dinero entre mujeres, más rápido romperemos con estos prejuicios y podremos ocupar el espacio que nos corresponde en el mundo de las inversiones y la independencia financiera”, asegura.
El tabú del dinero
Ansareo indica que hablar de dinero sigue siendo un tabú porque, culturalmente, sigue estando vinculado a la privacidad, al estatus y, en muchos casos, al juicio popular. “Desde pequeños, aprendemos que es un tema delicado, reservado para los círculos más íntimos. Construimos vínculos emocionales con el dinero y nos da miedo mostrar ignorancia públicamente. Además, en determinados contextos, el dinero a menudo se asocia con inseguridad, ambición desmedida o egoísmo, lo que genera un rechazo natural a tratarlo abiertamente. Este tabú también se mantiene porque hablar de finanzas puede exponer las diferencias económicas y las desigualdades que existen en la sociedad. Nos resulta incómodo hablar de cuánto ganamos, qué necesitamos o cómo gestionamos nuestro dinero porque tememos ser juzgados, comparados o incluso cuestionados”, explica.
Indica que en el caso de las mujeres, esta situación se refuerza aún más, pues mientras que los hombres suelen hablar de dinero con orgullo, a las mujeres se les ha inculcado que hacerlo puede parecer ambicioso, materialista o poco femenino. “Como resultado, muchas evitan informarse, negociar o invertir, perdiendo oportunidades de crecimiento financiero y profesional, y por supuesto, cuotas de libertad. Romper este tabú es fundamental para avanzar como sociedad, crear oportunidades de crecimiento económico y, sobre todo, para garantizar que todas las personas tengan acceso a una educación financiera que les permita tomar las riendas de su futuro”, asegura la Directora de Marketing de Annie Bonnie.»Se encasilla en un rol masculino a la mujer que trata con finanzas o estrategia de negocios»
«Se encasilla en un rol masculino a la mujer que trata con finanzas o estrategia de negocios»
¿Por qué entre hombres es un tema que les empodera y les da virilidad y entre mujeres, algo que les hace parecer frías e incluso calculadoras? Indica que es algo que se puede explicar por dos razones. “Primero, por el sesgo en las expectativas del rol de género: de las mujeres se espera que sean dóciles, controladas y armónicas; de los hombres, que sean fuertes y directos. La sociedad ha asociado históricamente la feminidad con la modestia, el cuidado de los demás y la emocionalidad, mientras que el dinero se ha vinculado con la ambición, el poder y el control, cualidades que tradicionalmente se han atribuido a los hombres. Cuando una mujer se involucra en temas como el poder, las finanzas o la estrategia de negocios, rápidamente se la encasilla en un rol masculino”, asegura.
“La segunda razón tiene que ver precisamente con el poder de las palabras: no es lo mismo llamar a alguien ‘decidida’ que ‘mandona’, ‘independiente’ que ‘egoísta’, ‘sensata’ en lugar de ‘calculadora’ u ‘objetiva’ en lugar de ‘fría’. El lenguaje es una poderosa herramienta de transformación social que debemos usar para describir y en todo caso para empoderar. Lo positivo es que en los últimos años estamos avanzando a pasos agigantados en ambas cuestiones. Cada vez más mujeres referentes, directivas y líderes están cambiando las expectativas de los roles y también cada vez somos más responsables con el lenguaje. Estamos en tiempos de cambio, con el viento a favor, para las futuras generaciones”, explica.
Richard Gracia alude además a la cultura pop, pues indican que durante años, el cine y Hollywood han alimentado la imagen del hombre como el que toma decisiones y el líder que asume riesgos y se encarga de las finanzas, mientras que a las mujeres se las ha mostrado más emocionales y, a veces, dependientes de otros en esos temas. “Estas representaciones han moldeado la percepción cultural, reforzando la idea de que, para un hombre, hablar de dinero es sinónimo de fortaleza y control, mientras que para una mujer puede parecer que prioriza lo material sobre la sensibilidad”, explica.
«Gestionar el dinero es una cuestión de compromiso personal y de educación, no de género»
“Sin embargo, es fundamental asumir la realidad: la capacidad para gestionar el dinero es una cuestión de compromiso personal y de educación, no de género. Cada individuo tiene la responsabilidad de formarse en temas financieros y de tomar decisiones acertadas que le permitan construir su propio futuro. Dejar de lado los estereotipos que impone la cultura popular y reconocer que el éxito financiero es una herramienta de empoderamiento es clave para trascender clichés y asumir el control de nuestra vida”, añade.
«Hablar de dinero es parte de nuestro poder personal y profesional»
Para finalizar, Andrea Ansareo subraya que la educación financiera no es una cuestión individual, sino que ha de ser colectiva. Si más mujeres entienden y participan activamente en la economía, creamos sociedades más equitativas, con más liderazgo femenino en puestos de decisión y un tejido empresarial más sólido. Hablar de dinero no es frívolo ni secundario. Es parte de nuestro poder personal y profesional. Y cuanto antes lo entendamos, mejor para nosotras y para la sociedad en su conjunto.











