Desde tiempos precolombinos, antes de la llegada de Cristóbal Colón a América, en 1492, la minería y la metalurgia se han constituido en actividades fundamentales para la economía boliviana. Entre los principales minerales extraídos en el país destacan el zinc, oro, plata, estaño y plomo. A estos se suma el litio, que aún no genera ingresos significativos, pero representa un recurso con enorme potencial de rentabilidad, considerando que Bolivia posee una de las mayores reservas mundiales de este metal.
Bolivia es considerado un país minero; sin embargo, en las últimas dos décadas el sector ha experimentado una profunda transformación ante el avance imparable de la minería cooperativizada, que ha desplazado a la minería estatal y privada. Aunque las cooperativas generan el 90% del empleo minero, incongruentemente apenas aportan un 20% de la producción total de minerales.
A pesar de que el aporte de las cooperativas es reducido, el oro representa una fuente crucial de ingresos en Bolivia, tanto para grandes empresas como para pequeños mineros y cooperativas y, en última instancia, para el Estado. Entre 2005 y 2022, las exportaciones bolivianas de oro acumularon $us 16 mil millones, correspondientes a la venta de 673 toneladas de este mineral (Instituto Boliviano de Comercio Exterior, 2023).
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