En el marco de su compromiso con la profundización de la cultura del seguro en Bolivia, la REVISTA Y/O dedica este espacio a analizar los tipos de seguros que corresponden a la hora de proteger un vuelo aéreo, a sus ocupantes y carga.
El viernes 27 de febrero, alrededor de las 18:30, el avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea de Bolivia (FAB) se salió de la pista de aterrizaje del aeropuerto de la ciudad de El Alto y se estrelló en una de las avenidas aledañas a la terminal aérea.
La aeronave transportaba una remesa del Banco Central de Bolivia de aproximadamente 17,1 millones de billetes nuevos de la serie B, de los cortes de Bs 10, 20 y 50, que fue expulsada de la aeronave y quedó esparcida alrededor de la misma.
A medida que derrapaba, el avión de carga fue llevándose por delante camiones, minibuses y otros tipos de vehículos ocupados por personas. Hasta el cierre de esta edición se ha contabilizado la muerte de al menos 24 personas y 37 heridos. De los fallecidos, uno formaba parte de la tripulación, que estaba compuesta por ocho personas.
Debido al lugar céntrico y concurrido donde cayó el avión, decenas de personas se acercaron a ver el siniestro, se encontraron con la ingente cantidad de billetes y muchos no dudaron en llevárselos. De acuerdo a las autoridades, los curiosos se apoderaron de al menos el 30 % de la remesa.
Ante el accidente y los acontecimientos relatados, que se desataron paulatinamente, las autoridades del Banco Central de Bolivia aludieron que el seguro estaba activado. Así, ¿Dónde inter viene el seguro?
Seguro de casco y accidentes
En el caso de accidentes aéreos, como el que sufrió el avión Hércules, se deberían de activar al menos tres seguros: el seguro de casco, que cubre toda la nave como estructura; el seguro de accidentes, que protege a la tripulación cuando el avión está en vuelo, aterriza y decola; y el seguro de responsabilidad civil extracontractual, que responden por los “daños ajenos”. Éstos son entendidos como todos los que provocó el avión en su caída: vehículos dañados y destruidos, personas fallecidas y heridas, entre otros.
Seguro de carga
El avión Hércules de la FAB llevaba una carga de 17,1 millones de billetes que debió tener un seguro de transporte, que puede contar con al menos dos tipos de cobertura. La primera es la “libre de avería particular”, que cubre si el medio de transporte en el que se halla la carga sufre algún accidente. La segunda cobertura es la de “todo riesgo”, que responde los daños a la mercadería por el accidente, a casos de robo, ratería y falta de entrega.
El 4 de marzo, cinco días después de la tragedia, la empresa Crane Currency Malta Limited anunció que asumiría todo el costo económico por la carga del Hércules: los 17,1 millones de billetes que sufrieron “robo, ratería y falta de entrega”. La remesa, si bien salió de la fábrica donde se imprimieron las monedas, nunca llegó a las bóvedas del Banco Central de Bolivia, su destino. Para llegar a este punto, el tomador de la póliza del seguro, en este caso el Banco Central de Bolivia, debió cumplir con el debido registro de los billetes por serie y número.
Ajustadores
En el mundo de los seguros existe una instancia fundamental a la hora de que la cobertura pueda ser activada: los ajustadores, profesionales que — en este caso— investigarán las circunstancias y condiciones en las que el Hércules C-130 de la FAB se estrelló.
Serán designados por las empresas reasegu- radoras y su misión será investigar la tragedia y la suerte que corrió la carga.
Debido a que en Bolivia los accidentes aéreos no son frecuentes, el ajustador del seguro del cas- co será internacional; mientras que el de la carga puede ser nacional. Los profesionales determi- narán las circunstancias del accidente en función de la información que obtengan de la caja negra del avión, de la torre de control y del piloto, que sobrevivió.
Recomendaciones
El tomador o los tomadores de la póliza del seguro deben considerar al menos dos situaciones:
No actuar, responder o emitir anuncios antes de que el trabajo de investigación que realizarán los ajustadores sea concluido.
Cuidar el manejo de la información evitando la emisión de información confusa o contradictoria que pueda desatar el caos ulterior; es decir, el pánico después de la tragedia.
Ivone Juárez- REVISTA Y/O











