El sello británico en el ADN del seguro boliviano

Autora: Ivone Juárez REVISTA Y/O

De los escritorios de Liverpool a los Andes: cómo las agencias inglesas dominaron el mercado boliviano, protegieron la fortuna de los Barones del Estaño y sentaron las bases de una industria centenaria. Alan W. Shave lo cuenta en su libro Los británicos en Bolivia.

​​A principios del siglo XX, el mercado asegurador en Bolivia no se escribía en español, sino con el rigor y el inglés de Londres. Antes de la consolidación de las firmas nacionales, nombres como Royal Insurance y Guardian Assurance dibujaron el mapa del riesgo en nuestro país, destaca Alan W. Shave en su libro Los británicos en Bolivia.

​El autor, de origen inglés, aclara al inicio de su trabajo que no se trata de una investigación rigurosa, sino, más bien, fruto de una recopilación de información que «apareció en algún impreso», lo que le permitió un acercamiento al ADN del seguro boliviano, donde aparece el sello británico.

Los primeros seguros

Cuando se comienza a hojear la historia del seguro en Bolivia aparecen nombres de aseguradoras británicas, muchas de ellas de reputación mundial. Según relata Shave, inicialmente, estas compañías operaban a través de agentes representantes, hasta que la legislación boliviana les permitió y, al mismo tiempo, les exigió tener una presencia legal establecida en el país, lo que representaba instalar oficinas propias.

En 1920, aproximadamente, no era extraño que las aseguradoras británicas operaran en el país a través de sus compañías afiliadas en Lima. Royal Insurance, por ejemplo, que tenía presencia en el país desde antes de la Guerra del Pacífico (1879), tenía su base de operaciones en Perú. Esa condición no había sido un limitante para su expansión ni para que, entre 1938 y 1945, se constituyera en una de las empresas de seguros extranjeras más importantes en Bolivia, capturando un tercio del mercado total de seguros generales.

A finales de los años 30, aseguradoras como Guardian Assurance, Commercial Union Assurance, Royal Insurance, Liverpool & London & Globe Insurance, Norwich Union Fire Insurance Society, Sun Insurance y Eagle Star emitían pólizas para más de la mitad de la cartera total de seguros de Bolivia.

En Bolivia también operaban Commercial Union (1923), Sun Insurance (1939), Norwich Union (1941), y Norwich Fire, especializada en cobertura de riesgo de incendios (1938).

Un factor común entre estas empresas era que estaban asociadas con ciudadanos británicos que gozaban de negocios establecidos en Bolivia. En el libro Los británicos en Bolivia se menciona a Duncan Fox, Webster and Finnigan, Edward Anthony Ashton, Webster and Ashton, Williamson and Company y MacDonald and Company.

Del control al ocaso

La cuota de las aseguradoras británicas en el mercado boliviano comenzó a decaer en la década de los años 40, ante el surgimiento de empresas de la mano de empresarios bolivianos.

​En su libro, Shave se refiere a Royal, por ejemplo, que, anticipándose a la irrupción de la industria nacional, adquirió acciones de la compañía de seguros Illimani en 1946, «participando aún más cuando Illimani fue reestructurada en 1979, y transfiriendo toda su cartera de seguros a la compañía boliviana ese año, cuando se retiró del mercado boliviano».

​Menciona también a Liverpool & London & Globe, que comenzó a ofrecer cobertura a partir de 1923 y permaneció hasta 1960. En 1938, la empresa disfrutaba de una participación en el mercado del 27%, hasta que cayó dramáticamente al 1% desde 1946.

Con los Barones del estaño

La importancia de los seguros ingleses llegó a niveles estratégicos en Bolivia durante la Segunda Guerra Mundial. Mientras los submarinos acechaban en el Atlántico, los Barones del Estaño necesitaban garantías para llevar sus despachos y se embarcaron en esa tarea. Pero los magnates no tuvieron la misma suerte para proteger sus negocios.

​Mientras en 1942, en pleno conflicto bélico, Simón I. Patiño logró cobertura británica a través de Lambert Brothers de Londres para sus envíos de estaño, plata y oro; dos años antes, en 1940, Víctor Aramayo vio frustrados sus intentos de cobertura porque no encontró ningún corredor que se atreviera a asumir la protección de sus envíos en medio del riesgo bélico.

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