Douglas Ascarrunz, el constructor que piensa en una La Paz competitiva y feliz

Entrevista realizada por la Revista Y/O

El empresario Douglas Ascarrunz lidera Tauro, una de las constructoras que levantó represas y estabilizó suelos en La Paz, ciudad erigida sobre ríos y en medio de montañas. Durante el cerco vio su negocio en la incertidumbre. Su espíritu de paceño emprendedor está lastimado, pero tiene fuerza para reclamar y soñar por la urbe donde nació.

Los 51 días de bloqueo en La Paz por parte de sectores que buscaron —sin éxito— la renuncia del presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, no solo hicieron añicos la economía paceña, sino que golpearon profundamente el espíritu de sus habitantes y empresarios, afirma Douglas Ascarrunz, propietario de la constructora Tauro, en una entrevista exclusiva con la REVISTA Y/O.

Este hombre de años de experiencia, no solo en el ámbito privado, sino como ministro de Estado y parlamentario, expresa su impotencia como inversor a la hora de recordar esas jornadas en las que sus trabajadores no podían continuar las obras porque los bloqueos impedían traer el cemento desde Viacha o el cascajo y la arena desde Río Abajo y Hampaturi.

Peor con los materiales e insumos que su constructora, Tauro, importa desde el exterior: quedaron casi dos meses varados en puertos y en medio de las carreteras bloqueadas.

“Fue devastador, peor que la pandemia, se destruyó la logística. Las empresas ya veníamos soportando las consecuencias del riesgo país, las complicaciones con el tipo de cambio, las transferencias de dinero, la inestabilidad económica y financiera, y viene este bloqueo”, lamenta.

“El impacto del bloqueo en La Paz se recuperará en décadas. No solo se provocó pérdidas materiales incalculables; se debilitó a las empresas y el espíritu de las personas. Aunque el paceño es muy resiliente, persistente y trabajador todo tiene su límite”, añade.

Pero, es seguramente por ese espíritu de paceño de altura que, en medio de un sentimiento de frustración y rabia, Douglas Ascarrunz demanda un plan de salvataje integral para que La Paz luche por su competitividad y se convierta en una ciudad feliz, no solo por sus habitantes, “que se lo merecen”, sino por toda Bolivia.

“El rescate y reconstrucción de La Paz no solo necesita un fondo económico, el daño que se hizo a la salud mental del paceño es enorme porque estuvo casi dos meses cercado. La gente se está enfermando, se enfermará más porque está preocupada. Hay que actuar sobre los habitantes”, afirma Ascarrunz.

El empresario, que también dirigió el fútbol paceño como presidente de The Strongest, da un paso más y afirma que los paceños tenemos que trabajar en conjunto para quitarnos el estigma que nos dejaron los bloqueos: “la ciudad a la que no se debe ir”.

De acuerdo a Ascarrunz, en los días de bloqueo, La Paz perdió al menos el 8% de su PIB ($us 55.117 millones en 2025).

Añade que su sector está casi paralizado, igual que el inmobiliario, frenado ante una falta de créditos para la construcción.

“Además del riesgo país, las complicaciones con el tipo de cambio, con las transferencias de dinero, la inestabilidad económica y financiera viene este bloqueo”, lamenta.

Consultado sobre las medidas y acciones que requiere su sector Ascarrunz afirma: “Tiene que haber otros mecanismos de garantía para el acceso al crédito (de vivienda) porque la mayoría de la gente trabaja en el sector informal. De la misma forma, se debe licitar obras importantes de manera rápida y transparente. Se necesita seguridad jurídica, garantizar la libre transitabilidad y recobrar la normalidad”.

Un “plan Marshall para La Paz”

Douglas Ascarrunz fue ministro de Industria y Comercio en dos gestiones de gobierno de Bolivia. La primera, cuando tenía algo más de 30 años, en la década de los 80, en el último gobierno de Víctor Paz Estenssoro (1985-1989). Fue par te del equipo de profesionales que elaboró el Decreto Supremo 21060 que sacó a Bolivia de una de las peores crisis económicas de su historia.

Con esa experiencia y en medio de la coyuntura que vivió en carne propia, considera que La Paz merece el auxilio de un “Plan Marshall”, como el que EEUU aplicó para la reconstrucción de Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial. Piensa que el plan debería contar con un fondo de rescate de al menos $us 1 millón, que pueden provenir de la cooperación internacional para ser administra do por las autoridades departamentales. Afirma que el plan de salvataje debe ser integral, ir más allá del apoyo económico para avanzar en políticas departamentales de salud y educación. Las medidas de salud —precisa— deben también buscar “sanar el espíritu” del paceño para que La Paz sea una ciudad feliz.

“El rescate y reconstrucción de La Paz no solo necesita un fondo económico, tenemos que hacer mucho y dar mensajes claros. Necesitamos un plan que contenga estrategias de reactivación económica, de salud, educación y de bienestar”, sostiene.

“Las ciudades compiten para ser más productivas, pero también compiten por dar felicidad a sus habitantes. Tenemos gente que puede formar un equipo idóneo para construir un plan que nos permita alcanzar esos dos factores”, añade.

Infraestructura para el departamento

Douglas Ascarrunz considera que una de las principales acciones para avanzar hacia una La Paz competitiva y feliz es dotar a la región de infraestructura, pero, ante todo, retomar la que ya tiene y fortalecerla.

“Tiene que haber un plan para dotar de infraestructura a La Paz, lo demás lo pondrá el paceño, que es trabajador, resiliente, se adapta y es ahorrador. Sólo hay que darle condiciones para desarrollarse mejor y que alcance su estabilidad emocional”, insiste.

El empresario recuerda que antes de que Bolivia se convirtiera en país gasífero era petrolero y producía gasolina y sus derivados. “Todo el combustible que consumíamos estaba he cho en el país”, afirma.

En ese contexto, La Paz jugaba un papel muy importante con su oleoducto de Sica Sica, que recibía el petróleo importado en el puerto de Arica.

“Nos acostumbramos a ver la gasolina en cisternas, cuando la transportábamos por ductos. El petróleo ingresaba por Arica al oleoducto de Sica Sica hasta la refinería Gualberto Villarroel, en Cochabamba, y desde ahí venía en gasolina a La Paz, a la planta de Entre Ríos, en la zona del Cementerio”, dice.

Ascarrunz añade que otro potencial de la sede de gobierno es su acceso al Pacífico por Chile y Perú. El empresario mira al altiplano paceño y ve con preocupación que “prácticamente ya no produce nada”. “Se tienen que ver políticas para volver a producir en el altiplano y alcanzar la autosuficiencia alimentaria para el departamento”, considera.

Sinergia con El Alto

Douglas Ascarrunz vuelve a recordar los 51 días de bloqueo que agobiaron la ciudad para lanzar una certeza: “Hay una gran sinergia entre La Paz y El Alto”.

“Todo llega a esa ciudad antes de ingresar a La Paz. Todo se repara en El Alto. Los talleres están en esa ciudad, los couriers, porque en La Paz ya no hay espacio. El Alto tiene que convertirse en una zona especial de desarrollo económico siguiendo el modelo chino”, señala.

Asegura que, para lograr ese objetivo, se tienen que fortalecer los servicios en la urbe al teña, tanto de comunicaciones como financie ros y de transporte, entre los más importantes. A esto —añade— se debe sumar ventajas arancelarias y tributarias para atraer inversiones.

“Se debe construir una sinergia entre las dos ciudades, una unidad metropolitana, porque todos los servicios y la logística están en El Alto”, insiste.

Cuidar el capital humano

El empresario de la construcción señala que el plan de salvataje de la sede de gobierno debe contemplar un conjunto de medidas orientadas a cuidar el capital humano paceño valorado por su alto nivel, pero que migra a otras regiones del país o fuera en busca de mejores días.

Mira a los jóvenes y desafía al Gobierno a que, a través de convocatorias, abra la administración a los nuevos profesionales.

“Hay muchos empleados públicos y muchos jóvenes sin trabajo que se ven sin opciones para ingresar al aparato público”, dice.

Añade que el sector privado puede hacer su parte, pero que precisa del apoyo del Estado para incorporar cada vez a más profesionales jóvenes a sus empresas.

Señala que las universidades y los centros técnicos deben sumarse a esa tarea reforzando la formación imprimiendo valores como el “or den, disciplina, compromiso y responsabilidad con el trabajo”.

“Estamos en la era de la inteligencia artificial, tenemos que acortar la brecha desde la escuela. Dotemos a los alumnos de dispositivos móviles y veamos los costos y la calidad del internet”, continúa.

Salud y una ciudad feliz

El propietario de la constructora Tauro considera que uno de los peores servicios que recibe el paceño es la salud. Pone de ejemplo las largas filas que se deben formar para recibir atención médica, tanto en la salud pública como en la seguridad social. Para enfrentar ese problema propone la creación de al menos dos subsidios: uno para contratar médicos y otro para la provisión de medicamentos.

Al mismo tiempo, plantea complementar la atención médica con actividades que promuevan el bienestar del paceño. Piensa en el deporte, la cultura y el esparcimiento.

“Al paceño hay que brindarle espacios para su esparcimiento, actividades artísticas en su barrio para que pueda distenderse. El daño que se hizo a la salud mental de la gen te es enorme. La paz es el principal elemento que uno busca en la vida, lo segundo es el trabajo”, asegura.

El constructor quiere una La Paz competitiva y feliz. Como inversor y paceño está las timado, pero está dispuesto a perseguir ese objetivo trabajando y contribuyendo, como lo hace desde siempre. ¿Quiénes seremos los paceños que sumaremos nuestro esfuerzo a ese sueño?

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