En Bolivia, las empresas no operan únicamente en mercados, sino en entramados sociales profundamente marcados por el territorio, la historia y las relaciones cotidianas. Las decisiones de consumo, de trabajo y de confianza no responden solo a variables económicas o funcionales, sino a sentidos compartidos, experiencias acumuladas y formas específicas de habitar lo social.
En este contexto, la antropología aplicada emerge como una herramienta estratégica para comprender aquello que no aparece en los indicadores tradicionales.
El rol antropológico dentro de las organizaciones consiste en leer la vida cotidiana como un sistema de significados. Esta mirada se nutre de la tradición etnográfica clásica —desde Bronislaw Malinowski hasta Clifford Geertz— que propone comprender a las personas desde su propio marco de sentido, observando no solo lo que hacen, sino cómo y por qué lo hacen.
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