Tener alguien que te pueda sustituir, una o varias personas, es un orgullo. No es una amenaza. Es el resultado de haber hecho las cosas bien. Además, es la oportunidad que tienes para continuar creciendo. Si apostamos por una cultura de crecer haciendo crecer, lo sensato es pensar en hacer crecer a nuestros sucesores, en general, a la gente de nuestros equipos. Incluso cuando no pensamos en dejar una responsabilidad hay que revisar nuestras agendas, repartir juego, repartir otra vez las cartas para que todos podamos crecer. No podemos olvidarnos de cuando éramos aspirantes. No podemos olvidarnos de aquellas ansias por demostrar nuestra aportación e implícitamente nuestro talento.
Una organización en la que la gente no tiene aspiraciones es una organización enferma. Una organización donde la gente se da codazos por medrar, también. Necesitamos gente con voluntad de responsabilidad, con voluntad de liderar. Lo único de lo que debemos asegurarnos es que entiendan que liderar es servir, no servirse. Que haya gente corriendo la banda con ganas de entrar en el partido nunca es malo.
Nuestro trabajo es cuidar el futuro dando resultados en el presente. Propiciar con los resultados de hoy el futuro de nuestras organizaciones y ser capaces de construir y concretar las nuevas oportunidades. Y si jugamos un papel de liderazgo nuestra responsabilidad es crear nuevos líderes. Robustecer nuestra cadena de responsabilidad y de inspiración con gente que se ponga al servicio de los demás y quiera asumir el privilegio de la complejidad. Estar en los lugares de decisión es aprender a disfrutar tomando decisiones difíciles, aprender a decidir sin necesariamente dejar de dudar, aprender a enfrentar los dilemas además de los problemas.
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