Más allá de la rentabilidad, los criterios ESG —ambientales, sociales y de gobernanza— sirven para medir el impacto de las inversiones en la sociedad y en el planeta. La experiencia de MAPFRE demuestra que sostenibilidad y crecimiento pueden avanzar de la mano.
Los criterios ESG (también llamados ASG) toman su nombre de las iniciales de Ambiental (en inglés, Environmental), Social y Gobernanza. En finanzas, suelen hacer referencia a inversiones que no solo evalúan el rendimiento económico, es decir, cuánto se ganará con ellos, sino que toman en cuenta otros factores como el cuidado del medio ambiente, la implicación con la sociedad o la gestión ética de las organizaciones.
Hace unos años se hablaba de las inversiones sostenibles como una tendencia, pero hoy en día son una exigencia de buena parte de los mercados y la sociedad. Por ello, en 2024, en la Unión Europea había 6,6 billones de euros en activos bajo gestión ESG, un 38 % del total de activos gestionados en la UE. Así lo señala el informe Potential economic impact of European sustainable finance del Parlamento Europeo.
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