Se estima que para 2030 hasta el 40% de las tareas en el sector asegurador estarán automatizadas, especialmente aquellas de carácter operativo y repetitivo. Sin embargo, expertos advierten de que eliminar por completo el juicio humano en procesos críticos puede afectar negativamente la experiencia del cliente, la ética empresarial y el cumplimiento normativo.
Tecnologías como la inteligencia artificial, el aprendizaje automático y la automatización robótica ya permiten gestionar siniestros simples, suscribir pólizas y calcular primas en segundos. No obstante, en situaciones que requieren atención personalizada, como la gestión de siniestros complejos o la comunicación en momentos sensibles, la intervención humana sigue siendo imprescindible.
Además, la regulación europea establece la necesidad de supervisión humana en decisiones automatizadas de alto impacto, lo que subraya la importancia de mantener un control ético y responsable sobre los procesos automatizados.
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