En la última década, las grandes urbes han impulsado cambios para reducir el uso del vehículo privado, y las modalidades de transporte más sostenibles han experimentado un aumento exponencial. Aunque conceptos como vehículos de movilidad personal (VMP), mobility as a service, carsharing o vehículos conectados parecen pertenecer a sociedades de un futuro muy lejano, lo cierto es que han llegado para quedarse.
En un contexto en constante transformación, uno de los mayores retos que tiene por delante la industria aseguradora es garantizar la seguridad de los usuarios, y promover soluciones integrales que ofrezcan autonomía, flexibilidad e inmediatez, independientemente del método de transporte utilizado. La entrada en vigor de la reforma de la Ley de Tráfico y Seguridad Vial pone en marcha un marco legal para las nuevas formas de transporte, y más concretamente, para los VMP. Si bien es cierto que todavía no es obligatorio contratar un seguro, los datos de siniestralidad lo hacen completamente indispensable, y, de hecho, varios ayuntamientos españoles ya obligan a los patinetes a contratarlo para poder circular. Por ello, las compañías tenemos el cometido de orientar nuestra oferta hacia este escenario.
En segundo lugar, la transformación hacia una sociedad más sostenible también ha impactado en la automoción. Las aseguradoras debemos dar respuesta a las demandas del mercado de forma ágil, proponiendo productos y servicios a medida de los clientes, que permitan reforzar la propuesta del ramo. Así, el sector ofrece pólizas específicas para vehículos eléctricos e híbridos, que apuestan por la sostenibilidad.
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