La forma más rápida de perder el progreso de una familia no es necesariamente la falta de trabajo ni de esfuerzo. Muchas veces es un siniestro inesperado. Un incendio, un accidente de tránsito, una enfermedad catastrófica o la pérdida de una vida pueden borrar en minutos lo que tomó décadas construir.
Esa es la gran frustración de muchas familias que han trabajado toda la vida para levantar su hogar, adquirir bienes, ahorrar y construir estabilidad. Años de sacrificio, de disciplina y de privaciones que, de repente, pueden verse amenazados por un evento que nadie planificó.
Y lo más dramático es que estas tragedias ocurren casi siempre en un instante, en un pestañar de ojos, casi de manera apocalíptica. Un momento estamos viviendo nuestra rutina cotidiana y, al siguiente, nos vemos involucrados en un incendio, un accidente de tránsito, una enfermedad grave, una mutilación o la pérdida de un ser querido.
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