La sostenibilidad dejó de ser una ventaja competitiva; es una condición para permanecer en el mercado

Autora: Claudia Cárdenas Angulo – Directora de Trendsetter Bolivia

La gran transformación que estamos viviendo es que las empresas ya no son evaluadas únicamente por lo que producen o venden, sino por el impacto que generan en la sociedad y el planeta, afirma la profesional.

La economista Claudia Cárdenas es reconocida por su amplia experiencia en el tema de Responsabilidad Social Empresarial (RSE), sostenibilidad y gobernanza corporativa.

Después de su paso por diferentes ámbitos, tanto públicos como privados y la cooperación internacional, actualmente lidera la iniciativa Solía Ser, la primera aplicación de economía circular textil, dirige la revista Trendsetter Bolivia y es vicepresidenta de la Cinemateca Boliviana.

Claudia conversó con la REVISTA Y/O.

¿Podemos conocer su trayectoria profesional?

Claudia Cárdenas (CC).- Mi trayectoria profesional ha estado marcada por la construcción de puentes entre el sector público, privado, la cooperación internacional y la sociedad civil. Como economista, he trabajado en políticas públicas, financiamiento para el desarrollo, responsabilidad social empresarial, sostenibilidad y alianzas multisectoriales durante más de 30 años.

Uno de los capítulos más importantes fue liderar durante una década la Fundación VIVA, donde impulsamos programas de educación, medioambiente, seguridad ciudadana y prevención de la violencia, demostrando que las empresas pueden generar valor económico mientras contribuyen a resolver desafíos sociales, cuando el concepto de RSE apenas comenzaba a difundirse y sobre todo a entenderse.

Posteriormente, desde la consultoría, creación y consolidación de la Plataforma Intersectorial Medioambiental Piensa Verde www.piensaverdebolivia.org, con la creación del Plan Fénix (plataforma ciudadana para la reconstrucción del Tejido Social), con énfasis en la unión de los bolivianos, luchar contra la pobreza, la equidad de género, la defensa de los derechos humanos y la inclusión social.

A esto se suma la creación del Movimiento Votaré (promover que la ciudadanía vaya a votar en las elecciones 2020) con el apoyo de la Fundación Konrad Adenauer (KAS); la organización de los eventos benéficos El Chef Soy Yo, organización de eventos masivos con causa de la lucha contra la Violencia como Comadres VIP y Solía Ser, una aplicación de Economía Circular textil con enfoque de género e inclusión financiera para disminuir la huella hídrica y ambiental de toda la industria textil, desde donde continué promoviendo modelos de triple impacto y economía circular.

Esta experiencia me ha permitido observar la evolución de la sostenibilidad desde una visión filantrópica hacia una visión estratégica que hoy forma parte de la competitividad empresarial.

La gran transformación que estamos viviendo es que las empresas ya no son evaluadas únicamente por lo que producen o venden, sino por el impacto que generan en la sociedad y el planeta.

Desde su punto de vista, ¿cuáles considera que son los tropiezos de las empresas al trabajar con estos temas?

CC.- Uno de los principales es confundir sostenibilidad con marketing. Todavía existen empresas que creen que la ESG consiste en sembrar árboles una vez al año, publicar un informe o realizar campañas de comunicación. La realidad es que la ESG exige cambios en la forma de gobernar, invertir, producir y relacionarse con los grupos de interés.

Otro error frecuente es delegar la sostenibilidad a un área específica en lugar de incorporarla al corazón del negocio. Cuando la sostenibilidad no forma parte de la estrategia corporativa, termina siendo vulnerable a cambios de gestión, restricciones presupuestarias o coyunturas económicas.

También veo organizaciones que intentan replicar modelos internacionales sin entender cuáles son los desafíos reales de Bolivia. La sostenibilidad debe responder a los riesgos y oportunidades concretas de cada contexto.

Las empresas líderes no son las que hablan más de ESG, sino las que toman mejores decisiones gracias a ESG.

¿Los riesgos climáticos están comenzando a impactar en la reputación, operación y sostenibilidad financiera de las empresas?

CC.- Durante años hablamos del cambio climático como un problema futuro. Hoy se ha convertido en un problema financiero.

Los incendios forestales, las sequías, las inundaciones y la pérdida de biodiversidad ya están generando impactos directos sobre la productividad, las cadenas de suministro, la disponibilidad de recursos y los costos operativos de las empresas.

Pero el impacto no es solamente económico. La reputación también está en juego. Los consumidores, inversionistas y organismos internacionales exigen cada vez más transparencia, trazabilidad y compromiso ambiental.

Estamos entrando en una etapa donde las empresas que ignoren los riesgos climáticos no solamente asumirán mayores costos operativos, sino que podrían perder acceso a mercados, financiamiento e incluso legitimidad social.

En su criterio, ¿qué papel debería jugar la gobernanza corporativa ante el cambio climático, la sostenibilidad y los riesgos emergentes?

CC.- La sostenibilidad debe comenzar en la sala de directorio. La gobernanza corporativa es el mecanismo que permite transformar las buenas intenciones en decisiones concretas. Si los directorios no incorporan los riesgos climáticos, sociales y reputacionales en sus análisis estratégicos, las organizaciones estarán gestionando únicamente una parte de su reality.

Hoy los riesgos más importantes para muchas empresas ya no son exclusivamente financieros. Son riesgos ambientales, tecnológicos, regulatorios y sociales que requieren una mirada integral.

Los directorios que entiendan esto serán capaces de anticipar escenarios, proteger el valor de sus organizaciones y construir resiliencia en un entorno cada vez más complejo.

¿Cómo evalúa el aporte de la industria del seguro ante estos factores?

CC.- La industria aseguradora tiene el potencial de convertirse en uno de los actores más importantes en la transición hacia economías más resilientes. Las aseguradoras conocen mejor que nadie cómo evolucionan los riesgos y cuáles son sus costos reales. Por eso pueden desempeñar un papel clave en la prevención, la educación y la gestión anticipada de amenazas climáticas y sociales.

El futuro del sector no estará únicamente en compensar pérdidas, sino en ayudar a evitarlas.

Las empresas y las personas necesitarán cada vez más herramientas para adaptarse a escenarios de incertidumbre climática. En ese proceso, las aseguradoras pueden convertirse en socios estratégicos para fortalecer la resiliencia empresarial y comunitaria.

¿Qué sugerencia daría a los empresarios y ejecutivos que aún ven la sostenibilidad y la gestión de riesgos climáticos como temas solo reputacionales?

CC.- Les diría que la pregunta ya no es si deben incorporar la sostenibilidad, sino cuánto les costará no hacerlo. La sostenibilidad dejó de ser una ventaja competitiva para convertirse en una condición de permanencia.

Las organizaciones que actúen ahora tendrán mejores oportunidades para acceder a financiamiento, atraer talento, fortalecer su reputación y adaptarse a los cambios regulatorios y de mercado que vienen.

Mi recomendación es comenzar cuanto antes, incluso con pasos pequeños, pero con una visión clara de largo plazo.

Bolivia necesita empresas que entiendan que generar rentabilidad y generar impacto positivo no son objetivos opuestos. Por el contrario, las compañías más exitosas del futuro serán aquellas capaces de crear valor económico, social y ambiental de manera simultánea.

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