Bolivia se encuentra en un momento clave para su transformación económica. Tras la caída del modelo del MAS, busca darse oxígeno con créditos internacionales que superan los $us 8.000 millones. En este contexto, la pregunta en los pasillos de la Asamblea Legislativa Plurinacional no debería ser solo “cuánto dinero ingresará”, sino principalmente “en manos de quién” se pondrá.
El plan de desarrollo económico debe ser más que un parche financiero. Debe tomar en cuenta al motor más resiliente pero desaprovechado de nuestra economía: la mujer boliviana.
Los datos son el mejor referente. Entre 2000 y 2012, la incorporación de la mujer al mercado laboral fue responsable del 30 % de la reducción de la pobreza extrema en Latinoamérica. Además, la mujer ha sido históricamente la «amortiguadora» de las crisis. Cerrar la brecha de género en Bolivia no solo es una deuda moral; es la estrategia más rápida para estabilizar la economía.
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