La inteligencia artificial (IA) está en transición, tanto en soluciones tecnológicas como en la forma en que se utiliza. Las empresas están sacando cada vez más pilotos de los laboratorios de prueba y desplegándolos a escala, y algunas están obteniendo beneficios significativos. Independientemente de cualquier incertidumbre que rodee a esta ciencia, ignorar su potencial plantea el riesgo de que las compañías que hacen negocios ‘a la antigua’ se hundan.
Pero, para otras organizaciones obtener valor de la IA puede ser difícil de lograr. Es posible que sus modelos no estén sintonizados y que sus conjuntos de datos de entrenamiento no sean lo suficientemente grandes. Además, existen preocupaciones sobre el sesgo, la ética y la transparencia. Lanzar una iniciativa a producción antes de que esté lista o expandir una estrategia más allá de su fase inicial antes de examinar adecuadamente los resultados puede costar mucho dinero o, lo que es peor, mandar a una organización por un camino perjudicial para el negocio.
¿Cómo es posible saber si un proyecto de este calado transformará, o por el contrario, saboteará una compañía? Sin números claros de retorno de inversión (ROI, de sus siglas inglesas), estas deben ser creativas. Y, así los líderes de TI están midiendo el valor de la IA.
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