Experto invitado: Carola Hidalgo Montenegro – Gerente General – Univida S.A.
El dinamismo empresarial en La Paz
La Paz ha sido históricamente uno de los principales motores económicos de Bolivia. Su diversidad productiva, el espíritu emprendedor de su gente y la capacidad de adaptación de sus em presas han permitido que la ciudad afronte los desafíos propios de una economía en constante transformación.
Los acontecimientos recientes que alteraron el normal desenvolvimiento de la actividad económica dejaron importantes enseñanzas para todos los sectores. Detrás de cada empresa que redujo sus operaciones existieron familias preocupadas por preservar su fuente de ingresos, trabajadores comprometidos con mantener sus empleos y em prendedores que enfrentaron decisiones difíciles para sostener aquello que construyeron con años de esfuerzo.
Resulta indispensable expresar un reconocimiento especial a las pequeñas y medianas em presas, que constituyen el corazón de nuestra economía. Muchas resistieron con enorme sacrificio; otras se vieron obligadas a cerrar sus puertas o a postergar proyectos construidos con dedicación y esperanza. Su esfuerzo merece ser valorado, por que emprender en Bolivia es, ante todo, un acto de confianza en el futuro.
Las economías modernas conviven con escenarios de incertidumbre. Factores sociales, económicos, tecnológicos, ambientales o sanitarios pueden modificar rápidamente las condiciones bajo las cuales operan las organizaciones. Por ello, el verdadero dinamismo empresarial ya no se mide únicamente por el crecimiento de la producción o la inversión, sino por la capacidad de anticipar riesgos, adaptarse a los cambios y recuperarse con fortaleza.
Este concepto, conocido como resiliencia empresarial, se ha convertido en uno de los pilares del desarrollo sostenible. Una empresa resiliente no es aquella que nunca enfrenta dificultades, sino la que desarrolla capacidades para seguir generando valor, proteger a las personas y contribuir al bienestar colectivo aun en escenarios complejos.
En ese proceso existe un activo indispensable: la confianza.
La confianza impulsa la inversión, fortalece el consumo, estimula el emprendimiento y permite que las familias planifiquen su futuro con mayor certidumbre. Allí donde existe confianza florecen las oportunidades, la innovación y el desarrollo.
Sin embargo, el crecimiento económico por sí solo ya no es suficiente para medir el progre so de una sociedad. Hoy cobra cada vez mayor relevancia la cultura de la protección, entendida como la capacidad de anticiparnos a los riesgos y construir mecanismos que permitan proteger a las personas, a las familias y a las empresas frente a la incertidumbre.
Las economías más sólidas no son las que enfrentan menos riesgos, sino las que desarrollan una mayor cultura de protección para que las personas, las familias y las empresas puedan mirar el futuro con confianza.
Desde esa perspectiva, el sector asegurador cumple una misión que trasciende la atención de un siniestro. Contribuye a generar estabilidad, promueve la previsión y fortalece la capacidad de recuperación de la sociedad. En el caso de los se guros de personas, esta responsabilidad adquiere un significado aún mayor, porque proteger la vida, la salud y el bienestar económico de las personas es proteger el principal patrimonio con el que cuenta cualquier país: su gente.
Su talento humano, la capacidad de innovación de sus empresas y la fortaleza de sus instituciones constituyen una base sólida para construir una economía cada vez más resiliente, inclusiva y sostenible.
El desafío es transformar las lecciones que dejan los momentos difíciles en oportunidades para fortalecer la prevención, impulsar la educación financiera, ampliar el acceso a mecanismos de protección y consolidar una visión compartida de desarrollo.
Los paceños siempre hemos encontrado la manera de levantarnos frente a la adversidad. Esa capacidad de reinventarnos, de emprender nuevamente y de trabajar unidos constituye nuestra mayor fortaleza.
Porque el verdadero dinamismo empresa rial no se mide únicamente por la capacidad de crecer en tiempos favorables. Se mide, sobre todo, por el compromiso de volver a empezar cuando las circunstancias lo exigen, con la convicción de que proteger a las personas es también la mejor manera de proteger el futuro de Bolivia.
“El desarrollo de una sociedad no se mide únicamente por lo que es capaz de producir, sino por lo que es capaz de proteger. Cuando protegemos a las personas, fortalecemos a las familias; cuando fortalecemos a las familias, impulsamos a las empresas; y cuando las empresas prosperan, construimos un país con más oportunidades para todos”.













