Los avances en reciclaje y materiales están muy lejos de alcanzar lo que se pretende con la economía circular. Pero, en la naturaleza, esta visión lleva millones de años existiendo: nada se desperdicia y los recursos se mueven a través de una cadena optimizada y eficiente.
En el futuro no habrá desperdicios, solo materiales que vuelven una y otra vez a la vida en un ciclo infinito. Seguiremos consumiendo tanto como queramos, porque seremos tan eficientes en el reciclaje de recursos que no tendremos que seguir sacándolos de la Tierra. Podríamos seguir enumerando las promesas de la economía circular durante varios párrafos, con el riesgo de entrar en bucle. Lo cierto es que esta visión económica tiene mucho de grandes promesas y buenos eslóganes, pero a la hora de aterrizar en el mundo real sus éxitos son más bien escasos.
Las definiciones de la economía circular se multiplican en la red. Repsol, BBVA, Iberdrola, Ecoembes y un largo listado de grandes empresas, fundaciones privadas y agencias gubernamentales han hecho suyo el término con un único objetivo: que todo cambie para que, en el fondo, nada cambie. Y es que cuando se buscan datos concretos de los avances de la circularidad, las promesas se diluyen. No es que el reciclaje no funcione ni que no se haya mejorado en el uso eficiente de materiales, pero los avances están muy lejos de alcanzar lo que se pretende.
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