Cumplidos los primeros 100 días de gobierno del presidente Rodrigo Paz, era inevitable que la mayoría de analistas económicos y políticos se vieran obligados a realizar una evaluación de su gestión; evaluación a la que nos tienen acostumbrados con cada presidente que asume el mando desde que Hernán Siles Suazo, acosado por una crisis heredada del gobierno de Banzer, declaró que en 100 días resolvería la crisis del país. Desafortunadamente, apenas dos años después, en 1984, Bolivia vivió la mayor crisis económica de su historia con una hiperinflación acumulada de 2 168% anual.
En términos generales, los analistas coinciden en que el actual gobierno actuó con sentido de urgencia, resolviendo la escasez de combustibles y acabando con las filas interminables en los surtidores –que parecen no haberse superado del todo–, evitando una progresiva paralización del aparato productivo nacional.
No hay duda de que las medidas más exitosas hasta hoy son las de haber levantado parcialmente la subvención de los hidrocarburos, estabilizar el tipo de cambio y mejorar la calificación de riesgo país. Todas estas medidas tienen el mérito de haberse llevado adelante en un marco absolutamente pacífico.
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