A propósito del Día del Seguro, que se conmemoró el 14 de mayo, la revista Y/O rinde un homenaje especial a esta industria en Bolivia a través de las historias de vida de dos de sus rostros.
Ivone Juárez / REVISTA Y/O
Más allá de las pólizas y los marcos normativos, la historia del seguro boliviano está escrita con la tinta de las experiencias personales; trayectorias que, en muchos casos, comenzaron lejos de los escritorios y las juntas directivas. Es el caso de Julio Rivero, director Ejecutivo de la Autoridad de Fiscalización y Control de Pensiones y Seguros (APS), y de Carola Hidalgo, gerente general de UNIVIDA Seguros y Reaseguros Personales.
Julio Rivero es un cruceño que cuando era adolescente dejó el fútbol para salir del país a especializarse en economía. Carola, una paceña fascinada en su juventud por la danza española, que en un anuncio clasificado encontró el inició de una carrera que la ha llevado a la cima.
Mientras Carola recorría el terreno como ajustadora para entender el lado más sensible del siniestro, Julio aplicaba la precisión del financista para sentar las bases de la certidumbre que el mercado exigía.
Hoy, ambos representan la síntesis de lo que el sector busca proyectar al futuro: una industria profesionalizada y profundamente comprometida con el bienestar de la sociedad boliviana. A través de sus historias de vida, celebramos no solo una profesión, sino su vocación de proteger a las personas y sus bienes. Estas son sus historias de vida.
El viaje imprevisto de Julio Rivero hacia la cima de la APS
La historia de Julio Rivero en la industria del seguro de Bolivia no comienza con una vocación heredada ni con un sueño de infancia vinculado a las pólizas y los siniestros. Al contrario, su ingreso a ese mundo fue casi empujado por un ejecutivo de banco que, hace más de 40 años, vio en él a uno de los hombre que, desde diferentes ámbitos, llevaría al sector de la mano al sitial que actualmente ocupa.
Para Julio fue una puerta que se abrió bajo la presión de las circunstancias, pero que terminó revelando un universo de complejidad intelectual que lo cautivaría para siempre. Hoy, desde su despacho en la dirección ejecutiva de la APS, mira hacia atrás con la satisfacción de quien encontró su propósito en lo inesperado.
El futbol, estudios, trabajo…
Julio Rivero nació en la ciudad de Santa. Cruz Creció en el barrio de Don Bosco, a unas cuadras del aeropuerto El Trompillo, en medio de canchas de fútbol de donde salieron grandes figuras del fútbol boliviano. Él también estuvo en esos campos deportivos, desde donde fue fichado por Oriente Petrolero. Jugó un tiempo, pero decidió seguir otro camino y comenzó saliendo a estudiar a Brasil.
«Hice el pregrado y posgrado en Brasil. Siempre tuve la inquietud de combinar el estudio con la práctica, lo que me llevó a trabajar de salir de la universidad», cuenta.
Pero las condiciones no eran muy óptimas en aquel país para su desarrollo laboral, por lo que el joven cruceño decidió regresar a Bolivia. Corrían los años 80, la época de la hiperinflación que vivió el país. Una empresa pública le abrió las puertas, pero las medidas anticrisis tomadas entonces se las cerraron. Entonces la Universidad Gabriel René Moreno lo contrató para la elaboración de su plan operativo y presupuesto y, posteriormente, viendo sus credenciales académicas, lo calificó para la docencia.
La casa de estudios superiores apostó a empujar su excelencia, así que lo envió a realizar una especialización en Chile, pero cuando regresó -para devolver con su conocimiento la inversión que habían hecho en él- se encontró con las puertas cerradas.
Fue así que Rivero comenzó a buscar su espacio y llegó al Colegio de Ciencias Económicas y Financieras de Santa Cruz, donde -como representante gremial- dio una entrevista a una revista. La publicación lo puso en su portada y lo siguiente fue una llamada desde uno de los grupos financieros de Bolivia más grande de ese entonces, el Banco Santa Cruz, donde comenzó su imprevisto viaje al mundo del seguro.
«Orienté mis estudios y especialización al análisis de proyectos de inversión, en Brasil y Chile. Pensé que era la oportunidad para entrar de lleno al campo financiero, pero buscaban un gerente comercial para una empresa de seguros. Les expliqué que no era mi especialidad, que el área no me atraí, pero insistieron con el compromiso de que si en tres meses no funcionaba podía elegir en qué empresa del banco quedarme», cuenta.
Pero esos tres meses se convirtieron en años.
«Me lanzaron al ruedo, así comenzó la carrera en el seguro, y descubrí que el rubro es apasionante porque no hay dos clientes iguales, no hay dos pólizas idénticas. Las situaciones que se dan cuando suceden los siniestros son distintas, lo que obliga a analizar, estudiar. Terminé apasionado con los seguros», afirma.
En la industria del seguro, Julio Rivero fue un brocker que ascendió en el mundo del seguro como gerente de reclamos, gerente comercial y luego de producción. En su hoja de vida destacan cargos como gerente regional de Zurich, desde donde fue testigo de una de las fusiones de las empreses de seguros mas incónicas de Bolivia: Ciacruz y La Boliviana.
«Eran las más grandes del país, ambas tenían al menos el 80% del mercado: La Ciacruz en la zona oriental y La Boliviana en el occidente. Se funcionarion y se creó La Boliviana Ciacruz», cuenta.
En su trayectoria también resalta su experiencia como «ajustador», etapa en la que le tocó trabajar con expertos mundiales en procesos para determinar las causas y raíz de siniestros que deben ser cubiertos por las aseguradoras.
«Las grandes aseguradoras contratan a gente con mucha experiencia para determinar la pertinencia o no de un siniestro y del pago. Tuve la ocasión de trabajar con gente de la NASA, con un exdirector de Bomberos de Nueva York. En este tipo de ocasiones uno puede medirse y ver si efectivamente tenemos un buen nivel, y puedo decir con certeza que tenemos nivel», afirma.
Este hombre del seguro que ahora dirige la APS también consolidó su carrera como educador, lo que no deja de generarle satisfacción cada vez que mira el mapa del sector, donde ve a muchos de sus alumnos en cargos de decisión o como técnicos en las compañías importantes en el país con oportunidades de salir al extranjero a desarrollarse profesionalmente.
Su transición de broker y profesor a regulador marca un hito en la administración pública boliviana. Al asumir el mando del sector, Riveros no olvidó sus raíces en el sector privado, pero las transformó en una visión de servicio público. Su gestión se define por un concepto central: la certidumbre.
Su objetivo no es ser un vigilante que castiga, sino un guía que establece reglas claras. Entiende que para que el mercado crezca, las empresas necesitan seguridad jurídica. Por ello, ha implementado una política de «puertas abiertas» en la institución, recibiendo a jóvenes líderes que traen propuestas innovadoras para resolver los problemas del día a día.
Destaca que los guía el objetivo la educación financiera como un pilar innegociable.
«No se trata solo de saber usar un banco, sino de entender que el seguro y las pensiones son la red de seguridad que permite a las personas proyectar un ideal de vida, criar a sus hijos y envejecer con dignidad», dice este arquitecto del resguardo.
Carola Hidalgo, de las tablas de danza a la cima del seguro boliviano
La vida de Carola Hidalgo es una coreografía perfecta entre la pasión y la estrategia. Quien hoy es una de las figuras más respetadas en la industria del seguro en Bolivia, comenzó su camino con un sueño muy distinto: la danza española. Convencida de que las castañuelas y el zapateo marcarían su destino, Carola vivía su ilusión hasta que la insistencia materna por «buscar un trabajo» la llevó a las páginas de los clasificados de un periódico.
»Yo tenía mi trabajo, era la danza», recuerda con una sonrisa. Sin embargo, atendiendo al consejo de su madre, se presentó a una vacante como asistente en una empresa ajustadora de seguros. Allí, entre expedientes y escritorios, comenzó a gestarse una metamorfosis. Mientras observaba el trabajo de los peritos, Carola decidió que no quería quedarse solo tras el papel; decidió «pasar del escritorio al trabajo de campo», como ella misma dice.
El rigor del campo y el ascenso
Convertida en ajustadora de siniestros, Carola cambió los escenarios artísticos por los de desastres. Se especializó en aeronavegación, manejando casos complejos donde la precisión para determinar causas era vital. Esa capacidad analítica llamó la atención de la aseguradora Kieffer y Asociados, donde durante 11 años perfeccionó el arte de la correduría, ayudando a diseñar pólizas.
Convertida en madre, decidió darse una pausa para volcarse a su familia, pero apenas pasaron unos días fue convocada por otra aseguradora: La Boliviana Ciacruz. El destino, nuevamente, tenía otros planes para ella, y, por lo visto, aún no le había mostrado las puertas que le continuaría abriendo, entre ellas las de Consegsa, donde fue directora,asesora y gerente general. De ahí su paso a dirigir Univida, la empresa de seguros más grande de Bolivia, fue cuestión de tiempo.
Cuando vuelve con la memoria a esos tiempos, nombra a los hombres y mujeres que vió construir la industria del seguro paso a paso. Menciona a Gonzalo Bedoya, ya fallecido, a Jaime Ponce, Jorge Suxo, Gonzalo Kieffer, Justino Avendaño, Alejandro McLean, Alejandro Ybarra, José Luis Camacho a Susana Peñaranda y a Virginia Balderrama. A varios de ellos les hace un homenaje con su agradecimiento.
La visión integral
Desde cargos de ejecutiva de cuentas, jefa de aeronavegación, transporte marítimo y no marítimo, gerente técnico, regional, gerente general, directora asesora, y con especialidades en seguros de ingeniería, financieros y arbitraje, Carola ha navegado todas las áreas posibles del seguro.
Como mujer, ser madre y ejecutiva no fue un obstáculo gracias al apoyo familiar que siempre tuvo cerca, aunque reconoce las renuncias invisibles que tuvo que sufrir: los cumpleaños ausentes, las salidas tempranas de las fiestas de graduación y los sacrificios que exige la alta responsabilidad.
Seguramente muchos de sus compañeros de trabajo aún la recuerdan cómo la veían llegar al trabajo con sus hijos pequeños tomados de la mano y «amarrados para no perderse». «Tenía un miedo increíble a que mis hijos se perdieran, por eso nos amarrábamos las manos, uno del otro. Así bajábamos del taxi hasta llegar a mi oficina», cuenta.
Hoy, con hijos ya independientes y consolidada profesionalmente en su rubro, analiza el mismo con la agudeza que dan los años de experiencia. «El seguro boliviano ha dado saltos gracias a la digitalización, que permite reducir tiempos en suscripción y atención de siniestros y, al mismo tiempo, ayuda a una personalización del producto, algo antes impensable», dice.
Al referirse al rol de la mujer ve una evolución de ésta de roles administrativos a la alta dirección y posiciones de liderazgo, desde donde aporta con una «visión periférica y una empatía que impulsa la rentabilidad y humaniza el sector».
«Pero la mujer siempre tuvo su valor, su lugar en este rubro por su aporte, su atención al detalle», remarca.
Un llamado a la modernización
A pesar de los avances, Carola es crítica con el entorno normativo. Sostiene que Bolivia necesita modernizar leyes de larga data, como el Código de Comercio de 1977 y la Ley de Seguros de 1998, que ya no acompañan la realidad de un mercado globalizado.
Para ella, consolidar una cultura del seguro es fundamental para el desarrollo económico.
«Un país con cultura de previsión entiende el seguro como una inversión en bienestar, no como un gasto», afirma. En su visión, el seguro es el motor que permite a los emprendedores arriesgarse, sabiendo que su capital está respaldado ante cualquier adversidad.
La historia de Carola Hidalgo demuestra que, ya sea ante un auditorio de danza o en una junta directiva, la clave del éxito radica en la atención al detalle, la resiliencia y la capacidad de transformar un «momento de desastre» en una oportunidad de protección y estabilidad.












