La sociedad del siglo XXI no se puede entender sin el mundo digital. Casi todas nuestras actividades dependen de la tecnología, y cuando proyectamos el futuro a menudo lo hacemos en clave tecnológica.
Pero, aunque la tecnología nos aporta muchos beneficios que podemos apreciar, también plantea importantes retos y dilemas éticos: desigualdad, insostenibilidad, pérdida de la privacidad, vigilancia masiva, adicciones, etc.
Estos riesgos se relacionan especialmente con las tecnologías emergentes que apuntan a una revolución en los próximos años: la inteligencia artificial, la robótica, la realidad aumentada-virtual-mixta, la internet de las cosas, etc. En esta situación, necesitamos referentes que nos permitan construir entre todos una sociedad más armónica y equilibrar los excesos que acarrea el mundo digital.
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