Tras los resultados de las elecciones nacionales, Bolivia ha iniciado un nuevo ciclo histórico, marcado por la fortaleza de su sistema democrático y la extrema debilidad de su economía.
La contundencia de las cifras del balotaje y el ejemplar comportamiento ciudadano, durante la prolongada campaña, concluyeron en la elección de un nuevo Presidente que asumirá el mando en medio de grandes expectativas, y con el apoyo de un sistema político que podría asegurarle una amplia mayoría en la Asamblea Legislativa.
En contrapartida, el nuevo mandatario deberá lidiar con una economía colapsada: desequilibrio fiscal, crisis energética, alta inflación, escasez de dólares, caída de la productividad y erosión de la confianza pública. Todo ello puede derivar en una crisis social si los problemas no se abordan con rapidez y decisión.
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