Redacción Revista Y/O
Invitado Especial: Ronal Nostas – Empresario y expresidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB)

Perfil: Ronal Nostas Estudió administración de empresas. Su experiencia principal viene del sector farmacéutico, pero trabajó en sectores como ganadería, plásticos e imprenta. Dirigió la CEPB, la revista América Economía lo reconoció como uno de los personajes más influyentes de la región. Actualmente es articulista de diferentes medios.
“El principal desafío es no dar por garantizado el liderazgo que Santa Cruz alcanzó. Las ventajas acumuladas pueden perderse si no existe una estrategia para enfrentar los nuevos desafíos”, dice el empresario cruceño que lideró la CEPB.
Ronald Nostas es uno de los empresarios más destacados del departamento de Santa Cruz. Industrial del rubro farmacéutico, entre 2015 y 2019 dirigió la Con federación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB), mientras que la revista América Economía lo reconoció como uno de los personajes más influyentes de la región.
El cruceño conversó con la REVISTA Y/O y analizó los pilares que consolidaron a Santa Cruz como el motor económico y el destino más atractivo de Bolivia.
Este es el diálogo con el empresario:
El Plan Bohan abrió la senda para la marcha al oriente a mediados del siglo pasado. Esa marcha no ha parado hasta ahora, ¿qué hizo Santa Cruz para continuar siendo la región más atractiva de Bolivia?
Ronald Nostas (RN).- Lo primero que debemos comprender es que el Plan Bohan no fue la causa sino el impulsor del progreso de Santa Cruz. Fue exitoso porque sus creadores entendieron que la región cruceña tenía los recursos, la cultura y las condiciones de progreso, incluso más allá de otras regiones que ya habían ingresado muchos años antes a la revolución industrial.
Su desarrollo no fue resultado exclusiva mente de una política estatal ni exclusivamente del esfuerzo privado. Fue producto de la interacción entre infraestructura pública, inversión, emprendimiento, instituciones y una sociedad que desarrolló una fuerte confianza en sus propias posibilidades.
A lo largo de varias décadas posteriores al Plan, Santa Cruz logró construir una combinación exitosa de crecimiento económico, generación de oportunidades, capacidad empresarial, integración territorial y una disposición positiva a la integración y la migración interna y externa.
El punto de partida fue la transformación de una economía predominantemente agrícola y vinculada a un territorio aislado en una economía diversificada y conectada con el resto del país y con los mercados internacionales.
La infraestructura, particularmente carrete ras, ferrocarriles y servicios provistos por las cooperativas, permitió que la región dejara de ser una periferia para convertirse progresivamente en uno de los principales centros económicos nacionales.
Pero probablemente el factor más importante fue la capacidad de los propios cruceños para convertir el crecimiento demográfico en actividad económica. Santa Cruz recibió migrantes de todo el país y, en lugar de verlos so lamente como población adicional, incorporó buena parte de ellos a la actividad productiva, comercial y empresarial.
Esa dinámica generó un círculo virtuoso: más población generó mercado; más mercado atrajo más inversión; más inversión creó más empleo y oportunidades; y más oportunidades produjeron mayor capacidad para atraer nuevos habitantes.
A ello se sumó una característica cultural particularmente importante: la disposición a em prender y a asumir riesgos. Santa Cruz se convirtió en un espacio donde se podía trabajar, establecer un negocio y progresar.
Esa movilidad social y económica es probablemente una de las razones más importantes por las que la región continúa siendo atractiva.
Un aspecto determinante, que quizá puede ser hoy cuestionado, fue la decisión de las élites cruceñas de optar por el desarrollo económico y social, antes que el protagonismo político. Al mantenerse al margen de las disputas partidarias que marcaron el destino del país y explican el atraso, Santa Cruz impulsó otra forma de pensar y de planificar el futuro.
¿Puede mencionar a los impulsores de este proceso?
RN.- Existe el riesgo de señalar solo a los más conocidos y obviar a los líderes que desde el anonimato aportaron de manera decisiva a este proceso. Creo que más que personas podemos mencionar a las instituciones cruceñas importantes como el Comité Pro Santa Cruz, la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz, el Comité de Obras Públicas de Santa Cruz, entre otras.
¿Qué hitos se pueden mencionar?
RN.- Hay varios hitos fundamentales. El Plan Bo han de 1942 planteó una estrategia de integración económica del oriente y reconoció el potencial productivo de Santa Cruz. Sin embargo, el mérito posterior no corresponde únicamente a una política pública: la sociedad cruceña fue capaz de apropiarse de esa oportunidad y convertirla en un proceso de desarrollo.
Un segundo hito fue la construcción de infraestructura e integración vial y ferroviaria, que permitió conectar Santa Cruz con el occidente y con mercados externos. Un tercer momento fue la expansión de la agricultura comercial y agroindustrial, que transformó al departamento en un importante productor de alimentos y materias primas.
Posteriormente, la explotación de hidrocarburos y la expansión de los servicios, el comercio, la construcción, la banca y las actividades inmobiliarias profundizaron la diversificación de la economía departamental.
Otro hito fundamental fue la consolidación de un tejido empresarial privado. Cámaras empresariales, cooperativas, productores, comerciantes, profesionales y emprendedores fueron creando instituciones y redes que contribuyeron a generar confianza y facilitar negocios.
Finalmente, Santa Cruz desarrolló una identidad económica basada en una idea muy pode rosa: el progreso es posible mediante el trabajo, la inversión y el emprendimiento. Esa expectativa de movilidad y progreso terminó convirtiéndose en uno de sus principales activos.
¿En qué sectores se concentra la inversión de los bolivianos en Santa Cruz?
RN.- La inversión de los migrantes se ha diversificado mucho. Inicialmente estuvo muy vinculada al comercio, transporte, servicios y pequeña producción, actividades que permitían comenzar con capital relativamente reducido. Con el crecimiento de Santa Cruz, esa inversión se extendió hacia la construcción y el sector inmobiliario, incluyen do vivienda, urbanizaciones y servicios asociados al crecimiento de la ciudad.
También existe una importante participación en comercio mayorista y minorista, gastronomía, transporte, servicios profesionales, educación, salud y actividades financieras.
En el ámbito productivo, muchos Bolivia nos que llegaron desde otros departamentos se incorporaron a la agricultura, ganadería, agroindustria y actividades vinculadas a las cadenas de alimentos. Algunos comenzaron como pequeños productores y posteriormente ampliaron sus operaciones.
Hoy también hay una nueva generación de emprendimientos vinculados a tecnología, servicios digitales, logística, comunicación, comercio electrónico y servicios especializados.
Esto demuestra algo importante: la migración hacia Santa Cruz no debe analizarse sola mente como un fenómeno demográfico. Es también un fenómeno de transferencia de capital, conocimiento, trabajo y capacidad emprendedora desde diferentes regiones hacia un territorio que ofrece oportunidades.
¿Qué tipo de incentivos y facilidades ofrece Santa Cruz?
RN.- Probablemente el principal incentivo no es un beneficio tributario específico, sino la existen cia de un mercado grande, dinámico y en expansión, con una economía relativamente diversifica da y una fuerte cultura empresarial.
Para quien llega de otra región, Santa Cruz ofrece la posibilidad de encontrar clientes, provee dores, trabajadores, socios y redes comerciales. La dimensión de su mercado permite que muchos emprendimientos encuentren allí una demanda que sería difícil alcanzar en mercados regionales más pequeños.
Otro factor importante es la cultura de integración. Santa Cruz ha recibido durante décadas a bolivianos procedentes de La Paz, Cochabamba, Oruro, Potosí, Chuquisaca, Tarija, Beni y otros lugares. Muchos de ellos no solamente se incorporaron a la economía local, sino que terminaron convirtiéndose en empresarios y generadores de empleo.
También existe una amplia infraestructura de servicios: sistema financiero, universidades, centros médicos, transporte, telecomunicaciones, comercio y servicios empresariales.
Pero aquí hay una reflexión importante: San ta Cruz no debería confiar solamente en las ven tajas que construyó durante las últimas décadas. Para mantener su atractivo necesita seguir mejorando el clima de negocios, reducir burocracia, facilitar inversiones, mejorar infraestructura y garantizar seguridad jurídica.
¿Cuáles son las tareas pendientes de la región?
RN.- El principal desafío es no dar por garantizado el liderazgo que Santa Cruz alcanzó. Las ventajas acumuladas pueden perderse si no existe una estrategia para enfrentar los nuevos desafíos.
Por eso, el desafío actual no es solamente preguntarse cómo mantener el liderazgo de San ta Cruz, sino cómo hacer que esa experiencia vuelva a ser una referencia para el conjunto de Bolivia: un país donde cualquier boliviano, independientemente del lugar donde haya nacido, pueda trasladarse, invertir, emprender, trabajar y progresar con reglas claras y oportunidades reales.
Entre los desafíos más importantes, creo que se debe mejorar su infraestructura y movilidad urbana. El crecimiento acelerado de la población ha generado problemas de tráfico, transporte, ordenamiento territorial, servicios básicos, residuos y expansión desordenada de la mancha urbana.
Necesitamos fortalecer la seguridad ciudadana y jurídica. Una región atractiva para vivir e invertir debe ofrecer seguridad a las personas, a la propiedad y a las inversiones.
También se debe mejorar la calidad de la educación y del capital humano. El modelo de crecimiento del futuro dependerá cada vez me nos de disponer simplemente de mano de obra y cada vez más de contar con trabajadores, técnicos, profesionales y emprendedores capaces de incorporar tecnología y generar innovación.
Santa Cruz tiene que avanzar hacia una economía con mayor productividad y valor agregado. No basta con producir más soya, carne, azúcar u otros productos primarios. El desafío es desarrollar cadenas agroindustriales, industria, logística y servicios que permitan exportar productos con mayor contenido tecnológico y mayor valor.
Es evidente que también el departamento debe profundizar la sostenibilidad ambiental. El crecimiento económico de Santa Cruz tiene que ser compatible con la protección de bosques, agua, biodiversidad y suelos. La sostenibilidad ya no es solamente una exigencia ambiental: también será una condición para acceder a mercados e inversiones internacionales.
Y finalmente, hay una tarea que trasciende al departamento: Santa Cruz necesita seguir siendo una región abierta a Bolivia. Su mayor fortaleza histórica ha sido precisamente haber convertido la migración interna en una fuente de crecimiento. Mantener esa capacidad de integración, junto con una institucionalidad sólida y una economía abierta al emprendimiento, será fundamental.













