Santa Cruz hoy, la casa común de Bolivia que abraza el talento, la inversión y el conocimiento

Historias de vida, liderazgo y emprendimiento confirman que en la tierra cruceña el esfuerzo de los bolivianos se transforma en movilidad social, desarrollo económico y cultura.

Redacción: Revista Y/O
Invitados especiales: Patricia Rodríguez – Administradora de empresas y diseñadora (Directora de Walisuma y Mandatario) / Homero Carvalho – Escritor y Premio Nacional de Literatura

Bolivianos de cada rincón del territorio aportan sus capitales, conocimiento, ideas, creatividad e incluso su arte a Santa Cruz, la región hospitalaria que acoge a la diversidad como su mayor activo para construir el futuro del país.

La Santa Cruz de hoy es la casa común de Bolivia que abraza el talento, la inversión y el conocimiento. La REVISTA Y/O hace un homenaje a la región que en septiembre conmemora 216 años de su Grito Libertario; lo hace a través de las historias de vida del escritor Homero Carvalho, nacido en Beni, y de la empresaria Patricia Rodríguez, de La Paz, que hace años migraron a la región con conocimiento, inversión y sueños de amor y de empresa entre su equipaje.

Homero Carvalho se estableció en Santa Cruz a fines de los años 80 movido por el amor a su esposa Carmen. La tierra cruceña no solo le otorgó un hogar y una familia, sino la “ciudadanía del afecto y de las letras”. La urbe cruceña y sus transformaciones pasaron a ser el eje central de su obra, influyendo también en su hija Lucía, quien hoy destaca con voz propia en la poesía boliviana.

Patricia Rodríguez es una empresaria, diseñadora y administradora de empresas paceña que cofundó la Cámara de Mujeres Empresarias de Bolivia (Camebol). Llegó a Santa Cruz llevan do su conocimiento y experiencia en el diseño y el trabajo con productores bolivianos, pero sobre todo la convicción de expandir Walisuma, empresa de retail especializada en productos bolivianos de alta gama. Lo logró y, paralelamente, impulsó Mandatario, su firma de sastrería fina en baby al paca. Su visión es profesionalizar el talento local, elevar el valor agregado del país e internacionalizar las marcas bolivianas.

En los 216 años de su libertad, Santa Cruz de muestra que el talento y la inversión de toda Bolivia encuentran en ella su mejor hogar. Una tierra próspera donde la diversidad trabaja unida para construir el futuro del país.

“Llegué a Santa Cruz para escuchar al mercado y terminamos creando una nueva plaza para el talento boliviano”

Patricia Rodríguez – Administradora de empresas, empresaria y diseñadora. Dirige Walisuma, una empresa de retail especializada en productos bolivianos de alta gama, con tiendas en La Paz y Santa Cruz. Su trayectoria empresarial comenzó a los 23 años en el sector de la moda y la alpaca. Desde entonces trabaja combinando la administración, el diseño y el desarrollo de producto.

Llegué a Santa Cruz buscando nuevos aprendizajes, tanto en lo personal como lo profesional. Venía de La Paz con muchos años de experiencia emprendiendo, diseñando y trabajando con productores bolivianos. Más que una gran inversión, traía conocimiento, ideas y la convicción de que Walisuma podría penetrar este mercado ahora y consolidar aún más nuestra oferta.

Santa Cruz me recibió con apertura. Empecé a conocer gente por los roles que desempeñé en La Paz; soy una de las miembros fundadoras de la Cámara de Mujeres Empresarias (Camebol) allá y eso me permitió conectar con organizaciones de mujeres empresarias acá. También busqué a clientes que durante años atendí en La Paz y son cruceños, también los que generé en Santa Cruz cuando, en 2019, aperturamos un Gift Shop de Walisuma en un hotel boutique de la ciudad, y el colegio y mis círculos de emprendedores y empresarios, con los que me relaciono siempre y que se mudaron también o se han expandido.

El primer año me dediqué a “leer” el mercado, mientras hacía una consultoría en recursos huma nos. Entender al consumidor cruceño y cómo son sus hábitos de compra me ayudó a adaptar la selección de productos y la manera de vender.

Fue un proceso muy enriquecedor que con firmó algo que siempre he creído: hay que escuchar al mercado antes de pretender venderle.

Vivo en Santa Cruz desde finales de 2021 y Walisuma abrió en mayo de 2023. Uno de mis principales logros ha sido consolidar una segunda plaza para la empresa y comprobar que existe un mercado para productos bolivianos de alta calidad, diseño y valor agregado.

Desde Santa Cruz también he podido fortalecer MANDATARIO, mi marca de sastrería en baby alpaca, y proyectarla hacia mercados internacionales. Santa Cruz me dio algo importante: dina mismo, apertura a nuevas propuestas, conexiones empresariales y un consumidor dispuesto a descubrir productos diferentes.

Mi objetivo es consolidar Walisuma como una plataforma de productos bolivianos de alto valor agregado, fortalecer sus operaciones en Santa Cruz y La Paz.

Quiero profesionalizar aún más la empresa, ampliar mercados y generar mejores oportunidades comerciales para los productores con los que trabajamos. Paralelamente, quiero internacionalizar MANDATARIO y demostrar que desde Bolivia podemos desarrollar marcas en segmentos de alto valor.

Santa Cruz tiene un papel fundamental en el futuro económico de Bolivia por su capacidad de producir, emprender, invertir y atraer personas de todo el país. Creo que su siguiente desafío es transformar ese dinamismo en mayor productividad y valor agregado.

No basta con producir más; necesitamos em presas más competitivas, innovación, educación de calidad, formalización y mejores condiciones para emprender.

También debemos cuidar algo que ha sido una fortaleza de Santa Cruz: su capacidad de recibir a quienes llegan con ganas de trabajar y construir. Bolivia necesita regiones que compitan, pero también que se complementen.

De los Andes al Oriente: la ciudadanía del afecto de Homero

Homero Carvalho – El escritor nacido en Beni radica hace más de 40 años en la cálida Santa Cruz, que este 24 de septiembre conmemora los 216 años de su Grito Libertario.

Hay vidas que se explican a través de los mapas, pero la de Homero Carvalho se descifra en la geografía del corazón. Nacido en Beni y forjado entre la cordillera andina y el frío altiplánico de La Paz, fue el amor el que marcó su hito fundacional a fines de los años 80, impulsándolo a echar raíces en Santa Cruz. Más de cuatro décadas después, la tierra cruceña no solo le otorgó un hogar y una familia, sino la “ciudadanía del afecto y de las letras”.

Premio Nacional en poesía, novela, cuento y micro ficción, Carvalho ha sabido capturar las transformaciones de una urbe que creció sin pedir permiso, como él afirma. Su pluma teje la calidez, el paisaje y las contradicciones de una metrópoli en constante ebullición. En esta conversación íntima con la REVISTA Y/O, el célebre autor repasa su viaje poético, el diálogo entre la selva y la ciudad, y la manera en que Santa Cruz moldeó su mira da, convirtiendo el agradecimiento en la metáfora central de su vasta obra.

“Santa Cruz me enseñó a habitar las letras desde la gratitud, ampliando mi registro: el gris de la cordillera andina y el verde de la Amazonía conversaron con la sierra cruceña, y el amor cotidiano se convirtió en la metáfora central sobre la que sostengo mi escritura”, dice el escritor.

Esta es la conversación con Homero Carvalho desde Santa Cruz:

Revista Y/O.- Llegó a Santa Cruz a fines de los años 80, aproximadamente, guiado por el amor de Carmen. En esa región ha formado su familia y tiene una hija, Lucía, que sigue sus pasos en la poesía. ¿De qué manera esa decisión afectiva de hace más de 40 años atrás transformó no solo su vida personal, sino también su sensibilidad poética y su modo de habitar las letras?

Homero Carvalho (HC).- Llegar a Santa Cruz de la Sierra impulsado por el amor a Carmen, la Amada, fue el hito fundacional de mi segunda vida. Yo venía de los Andes, del frío del altiplano paceño; pero en mí fluían los ríos amazónicos del Beni, mi lugar de nacimiento. Santa Cruz me ofreció hogar donde echar raíces y ver crecer a mis hijos. A Brisa, que, pese a la distancia, porque ella vivía en Riberalta, estaba en mi pensamiento cada día. A Luis Antonio, rebelde, inteligente y con una inmensa sensibilidad. Y a Lucía, quien hoy habita la poesía con voz propia y se proyecta como una de las me escritoras nacionales con varios premios en su corta edad.

Esa decisión me dio, en lo personal, una estabilidad emocional y, a nivel literario, me transformó la mirada. Mi sensibilidad poética, antes dominada por el río, la nostalgia de la selva y el mito puro del mundo aymara, que configuró mi adolescencia y juventud, se impregnó de la calidez, la intensidad del paisaje cruceño y el bullicio de una ciudad que crecía sin pedir permiso a nadie. Santa Cruz me enseñó a habitar las letras desde la gratitud, ampliando mi registro: el gris de la cordillera andina y el verde de la Amazonía conversaron con la sierra cruceña, y el amor cotidiano se convirtió en la metáfora central sobre la que sostengo mi escritura.

En su celebrado libro Lo nuestro: 200 años de poesía cruceña, investigó la lírica local. Desde su mirada, ¿cuáles considera que son los rasgos distintivos de la poesía hecha en Santa Cruz y cómo vive y crea el poeta cruceño?

HC.- La voz poética de Santa Cruz fue construyéndose en la soledad, escribiendo para el pequeño pueblo, alejado de los centros de poder y al margen de los cenáculos oficiales de cultura que desde el altiplano mira ban indiferentes al Oriente o preferían no saber de su existencia. En Santa Cruz se hacía periodismo, poesía, crónicas, cuentos, novelas. Era en la literatura donde, de manera celebratoria y a plenitud, se manifestaba la búsqueda de la identidad regional, porque es con las palabras que se van construyendo los mitos, las leyendas, y el poeta, con todos sus sentidos alertas, cantaba al pueblo, a las mujeres y hombres, a las flores, a las costumbres. Es el espacio geográfico del pueblo el que primero se evoca para luego convertirse en el de la ciudad que se proyecta, el ámbito donde el poeta fortalece su identidad.

En mi investigación comprobé que la lírica local es de un espíritu profundamente plural que ha sabido evolucionar desde el romanticismo tradicional y la exaltación de la tierra hasta una van guardia urbana desacralizadora. El rasgo distintivo del poeta cruceño es su relación visceral con el entorno: el paisaje no es un simple telón de fondo, sino un interlocutor vital. Aun en la poesía urbana contemporánea, persiste una pulsión de libertad, sensualidad y una celebración del ser que desafía los círculos cerrados y las selecciones excluyentes.

El poeta en Santa Cruz crea desde la intensidad de la vida diaria; vive intensamente la calle, el café y la memoria, transformando la calidez del clima y la exuberancia de la naturaleza en un ritmo verbal apasionado y expansivo.

En Santa Cruz ha alcanzado una hazaña poco común con los premios literarios de esa región en los tres géneros principales (novela, cuento y poesía); ¿qué significado íntimo y profesional tiene para usted haber recibido ese abrazo de la tierra que lo acogió?

HC.- Haber obtenido premios en cuentos, novela, poesía, ensayo y micro ficción, tanto en Santa Cruz como en otras ciudades bolivianas e incluso en países extranjeros, representa el abrazo más generoso que me pudo dar la literatura en general y Santa Cruz en particular.

Un periodista me hizo notar que debo ser el único escritor boliviano que ha ganado premios en todos los géneros literarios. En lo íntimo, significa la confirmación de que no soy un extraño en este territorio: Santa Cruz me adoptó como a uno de los suyos y me otorgó la ciudadanía del afecto y de las letras. Los premios me reafirmaron, profesionalmente, en mi vocación de narrador y poeta sin fronteras de género. No lo asumí como un triunfo del ego, sino como un pacto de reciprocidad: el compromiso definitivo de devolverle en palabras e historias a esta ciudad y a mi país un poco de todos los dones que han otorgado.

Con relación a sus obras Santo Vituperio, Memoria de los espejos y La maquinaria de los secretos, Santa Cruz, por ejemplo, ¿cómo fue el proceso de construir la ciudad en la ficción y qué le exige Santa Cruz cuando se sienta a escribir sobre ella?

HC.- Imaginar Santa Cruz en obras como Santo Vituperio, Memoria de los espejos o La maquinaria de los secretos demandó atender a sus múltiples capas geográficas e históricas. Pasé de la ciudad entrañable de los cafés y las tertulias a la urbe convulsa, llena de secretos, poder y contradicciones. Esas novelas son, en el fondo, la prueba de mi obsesión por Santa Cruz de la Sierra.

En Memoria de los espejos dejé que un periodista narrara, entre drogas, redacciones y espejos que devuelven versiones falsas de uno mismo, la corrupción de una época que se creía moderna sin dejar de ser cruel. Años después inventé San Lorenzo de la Sierra para Santo Vituperio: una prostituta asesinada, convertida por el rumor y la fe popular en santa, me sirvió para desnudar el machismo, la religiosidad fingida y el absurdo con que nuestras ciudades fabrican milagros.

Con La maquinaria de los secretos intenté cerrar el círculo: los servicios de inteligencia, sus tramas y su miedo administrado revelaron cuánto de novela negra tiene, en realidad, el poder. Sin embargo, años después volví a la ciudad con cuentos y otras novelas.

¿Cómo define la personalidad del cruceño con temporáneo y de qué forma traslada sus luces, sombras y mitologías a sus personajes?

HC.- Definir al cruceño de hoy no es fácil. Santa Cruz cambió demasiado y demasiado rápido. El cruceño que conocí cuando llegué no es exacta mente el mismo que camina hoy por esta ciudad. Posee luces innegables: la hospitalidad, el optimismo, el espíritu emprendedor y un sentido de libertad contagioso. Sin embargo, también habita en sus sombras: el pragmatismo desmedido que a veces olvida la memoria histórica, el consumismo urbano y el choque entre la tradición pueblerina y la megalópolis cosmopolita.

En mis personajes, traslado esta dualidad haciendo coexistir la mitología de la selva y el llano con las paradojas de la modernidad. Mis criaturas literarias llevan consigo esa exuberancia interior, pero también enfrentan los dilemas éticos, el des encanto y la búsqueda de identidad en una ciudad que se transforma día a día.

¿Hacia dónde camina la literatura cruceña del siglo XXI y qué consejo les da a las voces emergentes?

HC.- La literatura cruceña del siglo XXI camina hacia la diversidad absoluta, el diálogo cosmopolita y la hibridez de géneros. Veo una generación joven sin complejos ni ataduras geográficas, que domina la micro ficción, la narrativa fantástica, el policial, el terror y la poesía experimental, dialogando en tiempo real con las corrientes globales. Como ejemplo, me tomo la libertad de hablar de Lucía Carvalho, poeta cruceña nacida en 1993. Ella construye su obra desde el cuerpo tecnológico. En sus poemarios Fiesta equivocada y Universo 127 cruza feminismos, internet, tecnología y ciencia ficción cotidiana. En Oráculo eléctrico lleva esa búsqueda hacia lo místico, combinando mitología griega y condición ciborg. Su poesía, irónica y sensorial, piensa la virtualidad como extensión humana, entre máquina, carne y memoria.

A las voces emergentes les doy dos consejos esenciales: Que lean sin tregua y con espíritu crítico. No se puede escribir la ciudad ni el mundo de hoy sin conocer las tradiciones que nos precedieron y las rupturas estéticas del presente. Que lean a los clásicos y a los contemporáneos; la escritura es, ante todo, un acto de lectura profunda. Que escriban con honestidad y paciencia.

Huyan de la prisa por la figuración inmediata. La literatura es un oficio de persistencia y rigor. Asuman su voz con autenticidad, exploren sus propias raíces y no teman cuestionar ni su entorno ni a sí mismos. El talento es solo un chispazo; la obra se construye con rigor, corrección y aguante. Escriban sobre lo que les queme por dentro y dejen que la casa se incendie para renacer de las cenizas.

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