IA y personalización en seguros: ¿complementa o sustituye al factor humano?

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Como ha ocurrido en otras industrias, el sector seguros también se está dejando seducir por la inteligencia artificial. Las corredurías de seguros han encontrado en la IA una herramienta poderosa para optimizar procesos, mejorar la eficiencia y ofrecer soluciones más rápidas y gratificantes para los clientes. Es obvio que el que no sea capaz de desarrollar e implementar este tipo de tecnologías, tarde o temprano dejará de ser competitivo. Sin embargo, sigue en el aire la misma pregunta: ¿puede llegar a sustituir la IA al equipo humano en la atención personalizada y en la creación de productos adaptados a las necesidades reales de los clientes?

Uno de los mayores retos de la industria aseguradora ha sido, desde siempre, adaptar los productos a las necesidades específicas de cada cliente. Inicialmente, las pólizas estaban sujetas a modelos estandarizados, válidos para todos, dejando a los clientes con coberturas inadecuadas o insuficientes. La cercanía en el trato era un privilegio que tenían las grandes empresas, una situación que ha mejorado con la llegada al sector de las corredurías, que como en nuestro caso, nos hemos especializado en el consumidor final, ofreciéndole esa personalización y entendimiento de sus necesidades, esenciales para encontrar el producto que realmente necesita.

Con la llegada de la IA esta personalización da un paso más. A través del análisis de datos masivos, los algoritmos pueden predecir comportamientos, evaluar riesgos de manera más precisa y proponer coberturas personalizadas en cuestión de segundos. Un claro ejemplo es el uso de dispositivos IoT, mediante los cuales se puede monitorizar la conducción de un cliente y ajustar su prima en función de su comportamiento al volante. Del mismo modo, el análisis predictivo permite diseñar pólizas de salud que consideran hábitos de vida, historiales médicos y factores de riesgo individuales. Un conocimiento previo que beneficia a ambas partes: correduría y cliente.

En este contexto, la IA no solo facilita una personalización más precisa, sino que también reduce tiempos de espera, elimina burocracia y, en definitiva, mejora la experiencia del cliente. Sin embargo, estamos comprobando que a día de hoy la tecnología por sí sola no es suficiente. La personalización no es solo una cuestión de datos y algoritmos; también requiere un componente emocional que ninguna tecnología puede replicar del todo. Los clientes no buscan solo una póliza adaptada a su perfil de riesgo; también necesitan confianza, asesoramiento y que haya una persona real detrás que empatice con su situación.

Aquí es donde el papel del equipo humano se vuelve irremplazable. Los mediadores de seguros no solo traducen las complejas condiciones de las pólizas en términos comprensibles, sino que también actúan como asesores en momentos críticos, como un siniestro o la pérdida de un ser querido. En situaciones de alta carga emocional, la interacción humana sigue siendo insustituible. Y este trato humano sigue siendo determinante para fidelizar clientes. De hecho, diversas encuestas revelan que, pese a la creciente digitalización, la mayoría de los consumidores prefiere hablar con un profesional antes de tomar decisiones sobre seguros, especialmente en productos más complejos como los de vida o salud.

¿Cuál es el futuro más viable? Un enfoque híbrido, donde ambos se complementen. La combinación de tecnología y atención personalizada es la clave para una experiencia de cliente óptima. La IA puede encargarse de tareas repetitivas y de análisis de datos en tiempo real, permitiendo a los corredores centrarse en lo que realmente importa: entender las necesidades específicas de cada cliente y ofrecer un asesoramiento cercano y empático. Las corredurías que logren integrar la IA sin perder de vista el valor de la relación humana serán las que consigan diferenciarse en un mercado cada vez más competitivo. La tecnología debe ser una aliada, no una sustituta del talento humano.

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