Si pensamos en los grandes almacenes del mundo aquellos que exhiben productos de lujo, tecnología, moda o alimentos, todos tienen algo en común: se esfuerzan por atraer, mantener y satisfacer a sus clientes. Cada anaquel es una promesa visible. Pero hay un tipo de almacén aún más grande, más poderoso y más silencioso: el de las aseguradoras.
Las compañías de seguros son los almacenes más grandes del planeta, porque no guardan cosas… guardan confianza. El producto que venden no se toca, no se ve y no se agota. Sin embargo, paradójicamente, sí puede agotarse el consumidor del seguro.
El cliente se agota cuando no se trabaja en una cultura de seguros adecuada que eduque y acompañe.
Continúa leyendo
Para acceder al artículo completo, inicia sesión o sé parte del club de lectores de La Revista Y/O.




