He aquí 5 razones clave por las que la economía alemana atraviesa dificultades tras ser considerada durante años la locomotora de Europa. Los votantes están llamados a las urnas el domingo 23 de febrero para decidir quién dirigirá su próximo Gobierno.
Alemania llevaba cinco años sin registrar un crecimiento económico significativo. Es un giro sorprendente para la mayor economía de Europa, que durante gran parte de este siglo había ampliado sus exportaciones y dominado el comercio mundial de productos de ingeniería como maquinaria industrial y automóviles de lujo. ¿Qué ha ocurrido? He aquí cinco razones que explican el actual bache económico de Alemania:
La crisis energética rusa: adiós al gas barato
La decisión de Moscú de cortar el suministro de gas natural a Alemania tras la invasión rusa de Ucrania supuso un duro golpe. Durante años, el modelo empresarial alemán se basó en una energía barata que alimentaba la producción de bienes industriales para la exportación.
En 2011, la entonces canciller Angela Merkel decidió acelerar el fin del uso de la energía nuclear en Alemania y confiar en el gas procedente de Rusia para cubrir el vacío a medida que el país se alejaba de la generación de carbón y se acercaba a las energías renovables. Rusia se consideraba entonces un socio energético fiable; las advertencias en sentido contrario de Polonia y Estados Unidos fueron desestimadas.
Cuando Rusia interrumpió el flujo, en Alemania se dispararon los precios del gas y de la electricidad generada a partir del gas, ambos costes clave para industrias de alto consumo energético como la siderúrgica, la de fertilizantes, la química y la del vidrio. Alemania tuvo que recurrir al gas natural licuado, o GNL, superenfriado e importado por barco desde Qatar y EE.UU. El GNL cuesta más que el gas de gasoducto.
La electricidad cuesta ahora a los usuarios industriales de Alemania una media de 20,3 céntimos de euro por kilovatio hora, según un estudio que la empresa de investigación Prognos AG elaboró para la Asociación de la Industria de Baviera. En Estados Unidos y China, donde se encuentran muchos competidores de las empresas alemanas, el coste equivale a 8,4 céntimos de euro.
Las fuentes de energía renovables no han crecido lo bastante rápido como para colmar la brecha. La resistencia de los propietarios y las regiones a las turbinas frenó el crecimiento de la energía eólica. La infraestructura para transportar hidrógeno como combustible sustitutivo de los hornos siderúrgicos sigue siendo, en su mayor parte, un proyecto en ciernes.
China: De cliente a competidor
Durante años, Alemania se benefició de la entrada de China en la economía mundial, incluso cuando otros países desarrollados perdían puestos de trabajo en favor de China. Las empresas alemanas encontraron un nuevo mercado masivo para maquinaria industrial, productos químicos y vehículos. A principios y mediados de la década de 2010, Mercedes-Benz, Volkswagen y BMW cosecharon pingües beneficios vendiendo en el que se convirtió en el mayor mercado automovilístico del mundo.
Por aquel entonces, las empresas chinas producían artículos como muebles y electrónica de consumo que no competían con los principales puntos fuertes de Alemania. Después, los fabricantes chinos empezaron a fabricar lo mismo que los alemanes.
Los paneles solares chinos subvencionados por el Estado acabaron con los fabricantes alemanes. En 2010, los fabricantes de paneles chinos dependían de los equipos alemanes importados; hoy, la producción mundial de paneles solares depende de los equipos chinos. El Gobierno de Pekín ha intensificado sus esfuerzos para promover y subvencionar la fabricación para la exportación. Los productos resultantes -acero, maquinaria, paneles solares, vehículos eléctricos y baterías para vehículos eléctricos- compiten ahora con los alemanes en los mercados de exportación.
Alemania, la economía más automovilística de la Unión Europea, es la que más tiene que perder con la política industrial china orientada a la exportación. En 2020, China no era un exportador neto de vehículos; en 2024, exportaba 5 millones al año. Las exportaciones netas de Alemania se redujeron a la mitad en el mismo periodo, hasta 1,2 millones de coches. La capacidad de las fábricas chinas se estima en 50 millones de vehículos al año, aproximadamente la mitad de la demanda mundial.
Escatimar inversiones
Alemania se volvió complaciente durante los buenos tiempos y pospuso la inversión en proyectos a largo plazo, como líneas ferroviarias e internet de alta velocidad. El Gobierno equilibró su presupuesto y a veces tuvo superávit gracias a los ingresos fiscales de una economía en auge.
Hoy en día, los viajeros alemanes sacuden la cabeza ante trenes que no circulan a su hora y constantes interrupciones del servicio mientras se reparan las vías desgastadas. Internet de alta velocidad aún no ha llegado a algunas zonas rurales. Una línea de transmisión para llevar electricidad desde el ventoso norte de Alemania a las fábricas del sur lleva años de retraso y no estará lista antes de 2028. Un puente clave en la autopista que conecta la región industrial del Ruhr con el sur de Alemania tuvo que cerrarse en 2021, diez años después de que surgieran dudas sobre su durabilidad. Su sustitución no estará lista antes de 2027.
Una enmienda constitucional de 2009 puso trabas al Gobierno al limitar el gasto deficitario. Aflojar o no el llamado freno a la deuda será un asunto espinoso para el Gobierno alemán que se instale tras las elecciones del 23 de febrero en el país.
Falta de trabajadores cualificados
Las empresas alemanas tienen problemas para encontrar trabajadores con las cualificaciones adecuadas, desde informáticos altamente cualificados a cuidadores de niños, ancianos o empleados de hotel. En una encuesta realizada por la Cámara de Comercio e Industria de Alemania entre 23.000 empresas, el 43% de las compañías afirmaron que no podían cubrir puestos vacantes. La respuesta se elevaba al 58% en el caso de las empresas con más de 1.000 trabajadores.
Menos estudiantes alemanes se interesan por los campos STEM, es decir, la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. El envejecimiento de la población agrava el problema, al igual que la escasez de guarderías asequibles, que mantiene a muchas mujeres trabajando a tiempo parcial o sin trabajar. Las trabas burocráticas suponen un obstáculo para la contratación de inmigrantes altamente cualificados, aunque una ley aprobada en 2020 y reforzada en 2023 pretende facilitar el proceso.
Burocracia eterna
Los largos procedimientos de autorización y el exceso de papeleo son un lastre para la economía, según las empresas alemanas y los economistas. Conseguir un permiso de construcción para un aerogenerador puede llevar años. Algunos otros ejemplos, entre las docenas planteadas por grupos empresariales alemanes:
– Las empresas que instalan paneles solares tienen que registrarse tanto en los organismos reguladores como en la compañía eléctrica local, aunque esta última podría transmitir la información a la administración.
– Los restaurantes tienen que registrar a mano las temperaturas de los frigoríficos y conservar copias impresas de los registros durante un mes, aunque los datos se hayan almacenado digitalmente.
– Una ley que obliga a las empresas a certificar que sus proveedores cumplen las normas medioambientales y laborales va más allá de los requisitos de la UE y supone una carga mayor para las empresas alemanas que para sus competidoras europeas.
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