Autor: Luis Cardozo – Presidente de ESOFT S.R.L.
En un artículo anterior hice mención a la importancia de la experiencia de usuario en el uso de una aplicación. Hoy me toca hablar de otro aspecto imprescindible para que un programa de software se constituya en un adecuado generador de ventajas operativas: la seguridad.
Imagina que acabas de comprar un automóvil último modelo. Tiene asientos de cuero muy elegantes, una pantalla táctil impresionante y un diseño aerodinámico totalmente llamativo. Ahora, imagina también que el vendedor, con una sonrisa, te confiesa un pequeño detalle: “El coche es espectacular, pero los frenos a veces dan algunos problemas”. ¿Tú te subirías?
En la actualidad, muchas empresas están soportando su crecimiento en ese mismo tipo de “automóviles”. Pasan meses puliendo el diseño de sus aplicaciones, asegurándose de que los colores sean perfectos y que la experiencia del usuario sea adictiva, sin embargo, a menudo dejan la seguridad para el final, como si fuera un accesorio opcional.
La realidad es contundente: en la era digital, la seguridad no es una característica del software, es la columna vertebral de la confianza.
El verdadero costo de una «puerta abierta»
No tomar en cuenta la seguridad de las aplicaciones de software no solo es un problema del área de tecnología, puede ser una crisis reputacional y financiera que afecte a toda la organización.
La vulnerabilidad en el activo más valioso, tu información —nombres de clientes, datos de contacto, información financiera—, es el riesgo más peligroso que todos estamos obligados a enfrentar.
La seguridad desde el primer diseño
Un error común en las empresas de hoy es tratar la seguridad en la etapa final, cuando la aplicación ya ha sido desarrollada y únicamente restan las labores finales de verificación funcional. El problema es que, si se detectan problemas de seguridad, corregirlos puede significar romper todo lo que ya se había construido y eso puede generar retrasos que impactan en el cliente y costos altísimos de reingeniería.
Proteger una aplicación desde su nacimiento no significa olvidarse de la experiencia del usuario sino, más bien, tomarla en cuenta paralelamente a esta para lograr una interfaz práctica pero además segura. Incluso yo diría que la mejor seguridad es aquella que es invisible y que garantiza que los datos viajen encriptados y que las integraciones no signifique abrir las puertas de mis aplicaciones sin tomar en cuenta las credenciales necesarias para saber quiénes pueden pasar por ellas.
Es un asunto de estrategia, no de código
Es necesario que los ejecutivos o directores de las empresas entiendan que la seguridad de las aplicaciones no requiere aprender a programar, requiere entender que el software es la cara visible de su empresa ante el mundo.
Invertir en incorporar mecanismos de seguridad en sus aplicaciones no es un gasto operativo, es un seguro de vida para la reputación de la marca.













